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Poemas » a o vega » 2:22

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El humo se desvanece,
las horas me persiguen
y no termino de escapar
nunca de mi sombra.

El aire juega en mis oídos
(los susurros nunca son secretos);
la luz quema mis ojos
y mis párpados nunca caen.

El cielo de la habitación
es un paisaje tan perfecto:
sin nubes, montañas, ni vientos
y apenas dos soles.

El sueño, esa vida de ojos cerrados,
me acaricia lentamente,
ya no siento nada alrededor.
El silencio no tiene más para decir.

El tiempo, mi ilusión preferida,
comienza a ausentarse…
el humo ya no se desvanece,
las horas ya no me persiguen.