Mi gato manso
Respondo «Macau»
si te oigo llamar:
soy un gato pardo
de rabo dúctil y largo.
Siamés es mi rango;
mi destino solear.
«Su semblante irradia bondad,
una belleza natural».
Mi amo, menos que más,
nueve palmos de alto,
al que tanto amo,
es un filo alargado:
tallo y dos ramas
rolando a cada lado.
«Un candil contra la soledad,
amparo ante la tempestad».
Cuando lo veo
mi lomo se eriza y mi pelo.
¡Ay cuándo lo miro!:
un sinfín de mundos
reflejándose en su cuerpo
luchan por no matarse.
«Su bigote un paquebote,
paso ligero para el Aqueronte».
Cada mundo mira a otro,
y éste su cara y su rostro
confundidos entre corales,
y más pesares y mal de amores,
que envuelven sus manos
de mil formas espaciales.
«Sus caricias, sus rozares,
un manantial de cálidos vapores».
Miau –maúllo–;
Macau –reponde–;
y en el eco de la noche
resuena un murmullo,
rumoroso balanceo
que nos funde como a uno.
«Sus ronroneos,
un sin fin de maullares».
No comprendo su dolor,
pues echándome al sol
soy más feliz que un girasol:
–Miau– le maúllo yo;
pero él entre figuras de charol
marchita su corazón.
«Un desafío para la amistad,
tanto amor como él me entregó».
Agustín Espina
Respondo «Macau»
si te oigo llamar:
soy un gato pardo
de rabo dúctil y largo.
Siamés es mi rango;
mi destino solear.
«Su semblante irradia bondad,
una belleza natural».
Mi amo, menos que más,
nueve palmos de alto,
al que tanto amo,
es un filo alargado:
tallo y dos ramas
rolando a cada lado.
«Un candil contra la soledad,
amparo ante la tempestad».
Cuando lo veo
mi lomo se eriza y mi pelo.
¡Ay cuándo lo miro!:
un sinfín de mundos
reflejándose en su cuerpo
luchan por no matarse.
«Su bigote un paquebote,
paso ligero para el Aqueronte».
Cada mundo mira a otro,
y éste su cara y su rostro
confundidos entre corales,
y más pesares y mal de amores,
que envuelven sus manos
de mil formas espaciales.
«Sus caricias, sus rozares,
un manantial de cálidos vapores».
Miau –maúllo–;
Macau –reponde–;
y en el eco de la noche
resuena un murmullo,
rumoroso balanceo
que nos funde como a uno.
«Sus ronroneos,
un sin fin de maullares».
No comprendo su dolor,
pues echándome al sol
soy más feliz que un girasol:
–Miau– le maúllo yo;
pero él entre figuras de charol
marchita su corazón.
«Un desafío para la amistad,
tanto amor como él me entregó».
Agustín Espina
