Cuarto



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Cuarto
Apoyar la frente enfebrecida en la nublada celosía del confesionario. Enumerar los      inasibles recorridos de la serpiente. Buscar un nombre para hacer cada crimen discernible.      Dibujar las noches; las llagas de las paredes
encaladas en la oscuridad, brillando; los colibríes enzarzados, enredando sus lenguas de      pistilo bajo los rígidos almidones de mis tocas. Apoyar la frente. Abandonarse. Sentir      cómo el anillo que atenaza mi corazón, se me resbala por el pecho como un crisantemo      decapitado.

       

De "Virgo      Potens" 1994