Recuerdo a mi madre
Recuerdo a mi madre, tan sola, tan triste.
La recuerdo cuando empezaba a ser madre,
la sonrisa en su rostro, aquella gracia,
como una ardiente llama de fuego,
como una luz resplandeciente que brillaba en sus ojos,
parecida a la luz brillante de las estrellas.
Recuerdo a mi madre, tan sola, tan triste.
La recuerdo tan valiente, tan sensible;
a veces era alegre, a veces era triste,
a veces la veía reír, a veces la veía llorar,
a veces hablaba, a veces callaba,
a veces estaba con nosotros,
pero muchas veces estaba sola,
tan sola como la noche callada.
De pronto, esa llama ardiente de fuego
que brillaba en sus ojos, se opacaba
poco a poco, guardando rencor.
Recuerdo a mi madre, tan sola, tan triste.
La recuerdo en sus enseñanzas, en su audacia,
en su ternura, en su honradez.
Alabada por su alegría y su esfuerzo por fuera,
pero siempre era ella: tan sola, tan triste por dentro.
Y hasta hoy sigues tan sola, tan triste, ¡tan lejos de mí!...
Aunque ya no sienta tus caricias
aunque no vea tu sonrisa, tu alegría,
aunque no pueda escuchar tu voz,
aunque esa llama ardiente de fuego se haya apago…
¡Tú estarás siempre en mi corazón, madre!
Recuerdo a mi madre, tan sola, tan triste.
La recuerdo cuando empezaba a ser madre,
la sonrisa en su rostro, aquella gracia,
como una ardiente llama de fuego,
como una luz resplandeciente que brillaba en sus ojos,
parecida a la luz brillante de las estrellas.
Recuerdo a mi madre, tan sola, tan triste.
La recuerdo tan valiente, tan sensible;
a veces era alegre, a veces era triste,
a veces la veía reír, a veces la veía llorar,
a veces hablaba, a veces callaba,
a veces estaba con nosotros,
pero muchas veces estaba sola,
tan sola como la noche callada.
De pronto, esa llama ardiente de fuego
que brillaba en sus ojos, se opacaba
poco a poco, guardando rencor.
Recuerdo a mi madre, tan sola, tan triste.
La recuerdo en sus enseñanzas, en su audacia,
en su ternura, en su honradez.
Alabada por su alegría y su esfuerzo por fuera,
pero siempre era ella: tan sola, tan triste por dentro.
Y hasta hoy sigues tan sola, tan triste, ¡tan lejos de mí!...
Aunque ya no sienta tus caricias
aunque no vea tu sonrisa, tu alegría,
aunque no pueda escuchar tu voz,
aunque esa llama ardiente de fuego se haya apago…
¡Tú estarás siempre en mi corazón, madre!