Todos somos un mundo



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Todos somos un mundo
                 

Todos somos un mundo y amanece
una rosa de espumas gimiendo entre las piedras.
Si alguien grita su espina, muere un pájaro
pintado en la tristeza.
Pretendemos encasillarnos en una original historia,
que diga lo que callamos por inadmisible.

El infinito rompe su relámpago
y electriza la tierra de nuestras estaciones.
Las alas del río, se han abierto como hachazos,
que buscan degollar los árboles, las casas:
nuestro mundo arranca desde aquella raíz
que se tuerce al crujir de los truenos.

De la mano que esculpió la piedra brota sangre mellada.
Las hojas de la noche andan en sus escobas y las llamamos brujas,
y las vemos bajar con sus capirotes
y entran en las alcobas fisgoneando sobre nuestro equilibrio.
Nos manchan las fotos de los tiempos felices, los cuadros, los deleites
y no logramos despertar para abatirlas.

Se desvanece el mar ante nuestra presencia
solo una ola pretende conducirnos
pero la evaporan los peces del naufragio:
Lanzamos la cruz contra los espejos del pasado
y sacamos el vestido de la niebla, de estos guardarropas,
hechos con la madera de las frustraciones.

De esos ojos brotan las espigas del llanto
y el cabello del sol se despedaza contra las montañas.
Y tú no eres el mundo de la rosa que el ángel
describió con su pluma de ingenua reverencia,
ni has ardido en la fogata del arrepentimiento,
ni saldrás en el barco donde los ruiseñores encerraron sus cantos,
ni escucharás el gemir de esas rocas violentadas por pájaros de fuego.

Todos somos un mundo, pero el tuyo trae en los pulmones
tantos aires de desgracias que nadie podría componer tu leyenda.