Secretos de un pecador
Poema publicado el 08 de Marzo de 2009
I
El aire que me invita a tu presencia,
el aire que me absuelve de la nada,
limita del saber, por mi abstinencia,
de aquello que presenta una emboscada;
la noche que me presta esos rincones
en donde yo busqué tu piel ahogada,
ahogada en fantasías e ilusiones,
abriendo amaneceres en mi espalda;
el día que me muestra el perderte,
la elegancia en tus pasos, envidiada;
miradas que demuestran cuando al verte
ven mujer, sociedad, dama guiada.
Estrujo la mentira con verdades.
La verdad hace que el miedo me invada.
Jugamos a mentirle a realidades
por arriesgar, del amor, hacer mi espada.
Siendo rosa que en la luz me espina;
eres la mujer, de mí, enamorada,
bajo de esta angustia que domina:
soledad, pasión y dicha desesperada.
Me tienes preocupado por verte en horas
donde el vigilo de la vida nos apiada,
por oscurecer la alegría que adoras
y yo por verte del pecado acostumbrada.
Me preguntas si acabará esto algún día,
yo presiento que algún día serás dada
a la voluntad de tenerte siempre mía,
y sabremos que la muerte es arraigada.
Mas ahora no te preocupes, estás a mi lado,
con el hombre que te tiene más que amada,
y aunque el amor esté oculto asustado,
valiente saldrá algún día de mi almohada.
II
Mujer bella, inigualable, inmensa,
excepcional, dichosa, casi perfecta.
Sociedad, alegría, sólo modales.
Ella es escondite en tempestades.
Persuadida por el viento implacable,
excepción vista en amor de tarde.
Conquistarte y verte mi mayor peligro,
torturar al día es mi gran martirio.
Cuando el halo de luz toca el piso,
tú recibes el desasosiego del sino
y te destinas a sonrisas que se esconden,
de por sombra ser envuelta en ilusiones.
Arropada por consuelo de las noches
en lo oscuro de las miles de visiones,
por amor a un sendero de gozo,
aunque cueste la maldición de un esposo.
Amarte fue embestir este reposo
pero fue descubrir un amor en acoso:
cuidando de alegría nuestros pasos
al son de quererte de estos brazos.
No te pido que sonrías en ironía a este caso,
sabemos bien que el sacrificio no es fracaso.
Una mañana de dificultades que transforma
esa sonrisa en tus labios que me perdona.
Yo te amo, tú me amas, no hay más forma.
Arriesgarnos es un juego que traiciona,
mas no jugar es aburrirnos sin pecado;
y no amar casada, de dolor, un recaudo.
Algún día escaparemos del día renegado,
renegado de aceptar lo que ha pasado.
Enamorarse ¿Fue peor? Me discierno.
El tiempo no perdona... conocernos.
¿Es esto un error? ¿Una huida del cielo
o tal vez una maldición de siempre vernos,
una casta decisión no muy temprana,
un deseo fastidioso para nada?
Hoy callemos esperando un mañana,
hoy esperemos que el tiempo nos perdone.
El tiempo que es testigo de conocerte
en incomoda posición y a malas horas.
¿Qué haremos a este iniciado fraude?
¿Qué haremos al impredecible cause?
¿Qué haremos al amor que se esconde
en el mundo de moralidad y otros nombres?
Tal vez es mi realidad ser el hombre
que te vio siendo mujer que se expone.
Tal vez es mi realidad no ser nadie
mientras soy todo cuando me perfuma el desaire.
III
No juego a verte, ya te veo;
no juego a conocerte, te conozco;
no juego a arriesgar, ya te arriesgo;
no juego a quererte, te amo.
No digas que juego contigo,
hace mucho que empezó este juego.
La tormenta que abrazamos esta noche
es el clima que percibe nuestro ruego.
No digas que no te amo suficiente:
Porque te amo, sé que no quiero perderte;
pero la desconfianza no confía y te persigue,
y sin amor, más fuerte son sus voces.
Sabes bien que sé a pecado,
sabes bien que tú también lo sabes.
Te he probado, me probaste. ¿Qué más hago?
Derrochar la hipocresía de tus labios;
tú la usas, vida mía, demasiado.
Él lo sabe, lo sabemos. ¿A qué jugamos?
No digas que estás cansada,
mi cuerpo lo ha estado desde siempre,
y así siempre lo ha estado, ha estado amando;
no digas que estás llorando,
mi alma llora cada mañana y... ¿No lo notas?
No digas que ya estás harta,
que la muerte puede tomar mis manos,
temo que lo haga...
La imagen que veo me desgarra el alma
y la ira me desploma del sosiego y de estos años.
Primaveras han pasado con tu sol
¿Hoy qué ha pasado que te has cansado?
¿Es acaso que ya no me amas?
¿Es acaso que el pecado te ha arrastrado
a un galante arrepentir ansioso y fatuo?
¿Por qué ya no tienes ganas?
Te veo, me veo.
¿No es esto haber llegado demasiado lejos?
Regresar es cansado. ¿Eso deseas?
Partimos hace mucho, el camino fue largo ¿No lo recuerdas?
Estás harta, vida mía, ¡y no comprendo!
Se marchita la ilusión de nuestras noches.
Te escucho y callas.
El suelo te ve y me desplomo.
Un secreto te conoce y no lo has presentado.
Te conozco, me conoces...
Si el pecado ya de lleno me ha tomado
la aventura de amarte en secreto ha terminado
El escondite, por mis sueños, lo ilumino,
y es mi turno de tomar al pecado.
¿Qué pasa contigo?
Sigues sin decir nada;
el pecado te ha golpeado -eso creo-,
el pecado no respeta a la conciencia,
la maldición se lo lleva en las maletas:
Ya partimos... temo que hay que desempacar.
Si el pecado ya de lleno me ha tomado,
jugaremos este juego con mis manos.
Si desempacamos,
jugaremos a secreto y a pecado,
y a mostrar, vida mía, realidad,
aunque el juego se nos canse con los daños.
IV
La victoria me ha engañado,
me tomaste hace tanto, y no disfruto
al fanatizar esta derrota que he ganado...
y consumir este glorioso y arduo insulto.
Te vas de mi vida, me dices ahora,
cuando es preciso que te desee a cada hora;
y me quieres abandonar a mi suerte
aunque sepas que por ti gira mi mente;
casualmente no acepto tu presente,
no presté pedazos de alma y muerte.
¡Resígnate a perderme! Me imploras
mientras detrás de tus ganas mi alma llora.
Disculpa no aceptar tu retrato,
donde veo que te ves ya algo cansada.
¿Insinúas que me quede con el trato
de una joven que no estaba enamorada?
Me permito distinguirte con honores;
este hombre se ha quedado amándote.
Vida mía, no es que esto sean reproches,
pero obsérvame, ya estoy entregándote...
Olvidé que llegaría este día,
es que el tiempo en mis manos no pasaba,
se me fue la vida mientras te escondía,
y el resto lo regalé a esta almohada.
No digas que lo sientes,
en verdad no sientes nada.
No sabía que no debía amarte
y guardar la vida que entregaba.
¡Vete! No digas más, que no hay tanto que decir.
Te amo. Fui tu amante tantos años. ¿Lo olvidaste?
¿No recuerdas esos sueños que matábamos sin fin?
¿No recuerdas esos brazos en los que algún día estuviste?
Escondimos tanto, vida mía, jugué a ganar el tiempo
mientras perdía la vida, mis espacios y mi anhelo;
eras tú mi anhelo, mi ilusión, mi fantasía en el cielo:
jugué a perderte cada noche, a cada momento.
Mientras para mí era un revitalizador instrumento,
para ti era un golpe a la melancolía aburrida;
mientras que para mí era un dulce encuentro,
para ti eran pecados que gozabas divertida.
Es el fin. Lo sabes. Lo sé.
No olvides que te quiero... ¡Me desespero!
Fui un pecador, tú lo sabes:
Es momento de retener al tiempo.
V
Asiendo al pecado me hallo,
ese que estuvimos haciendo.
No he de vivir después de ti,
no entiendo por qué temerle a la vida entonces...
Te veo llorar a su lado frustrada,
¿Te duele algo, vida mía?
¿No estabas de esto cansada?
¿No había una nueva monotonía?
Jugaste con dos en un mismo latir,
no me amaste, no lo amaste, ¡no amaste!
Fui un pecador por mentir,
fui un pecador por llegar a amarte,
por querer hacerte feliz,
por querer, de amor, llenarte.
La luz ha descubierto nuestro secreto,
el secreto del pecado que abrazamos,
la noche ha tomado ya mis manos,
y ha portado en mi traje este momento.
¡Llora! Es lo último que nos queda,
consumamos este miedo con llanto
y vistamos con sangre esta espera,
sorbo a sorbo prueba la miel de este canto
y despoja de tu piel esa humeante prenda
que arde de dolor, desesperación y tanto.
¡Sufre, mi vida! Que sufrir es placer extraño,
es como la prueba de un dolor incesante,
algo así como una eterna muerte y daños,
algo así como lo que siente este amante.
¿Por qué lloras a alguien que no roba aire?
¿Por qué lloras a alguien que jamás quisiste?
¿Por qué llorar a un cuerpo que no entiende?
¿Por qué llorar a una ausencia que jamás perdiste?
No llores más y dale un sorbo a la muerte,
prueba de esta nueva vida que nos presenta el pecado,
sabía bien que los secretos de un pecador no siempre
eran el auxilio al alma que la esperanza había llamado.
Somos pecado, vida mía, tú lo sabes perfectamente.
Quita ya ese pavor de tu respiración agitada,
y bríndale a este secreto una invitación decente
a la realidad que encuentras cuando ves la nada.
Somos pecados, el mundo lo sabe perfectamente,
el pecado nos vive cada día, cada vez que el alma quiere,
todos hemos conocido al pecado alguna vez de frente,
todos sabemos a qué sabe pecar, perfectamente.
No te asustes, muerte mía, el pecado se ha aferrado
a existir en la trastienda de un caminar a nuestro lado.
¿Dónde habías estado pecado? Me atreví a preguntarle.
Aquí -me contestó-, no sé estar en otra parte.
A locura y a pecado sabe la vida,
aunque también lo sabe la muerte;
a locura y a pecado me supiste,
y el secreto nos costó la muerte.
Todos guardamos secretos. ¡Ironía!
¡Y todos somos pecadores, alma mía!
¿Qué escondemos en la almohada? No sabía.
Cada quien esconde algo cada noche, cada tarde, cada día.
Este fue nuestro secreto,
lo serán tus voces cuando cese la tarde;
más secreto no habrá mañana,
no hay secreto sino hay quien lo guarde.
Éramos secretos de un pecado, fuimos lo que quisimos ser.
Éramos pecados de un secreto, fuimos lo que amamos ser.
Si el pecado ya me había tomado de lleno,
entonces, ya no veo qué hacer con él.
Poema publicado el 08 de Marzo de 2009
I
El aire que me invita a tu presencia,
el aire que me absuelve de la nada,
limita del saber, por mi abstinencia,
de aquello que presenta una emboscada;
la noche que me presta esos rincones
en donde yo busqué tu piel ahogada,
ahogada en fantasías e ilusiones,
abriendo amaneceres en mi espalda;
el día que me muestra el perderte,
la elegancia en tus pasos, envidiada;
miradas que demuestran cuando al verte
ven mujer, sociedad, dama guiada.
Estrujo la mentira con verdades.
La verdad hace que el miedo me invada.
Jugamos a mentirle a realidades
por arriesgar, del amor, hacer mi espada.
Siendo rosa que en la luz me espina;
eres la mujer, de mí, enamorada,
bajo de esta angustia que domina:
soledad, pasión y dicha desesperada.
Me tienes preocupado por verte en horas
donde el vigilo de la vida nos apiada,
por oscurecer la alegría que adoras
y yo por verte del pecado acostumbrada.
Me preguntas si acabará esto algún día,
yo presiento que algún día serás dada
a la voluntad de tenerte siempre mía,
y sabremos que la muerte es arraigada.
Mas ahora no te preocupes, estás a mi lado,
con el hombre que te tiene más que amada,
y aunque el amor esté oculto asustado,
valiente saldrá algún día de mi almohada.
II
Mujer bella, inigualable, inmensa,
excepcional, dichosa, casi perfecta.
Sociedad, alegría, sólo modales.
Ella es escondite en tempestades.
Persuadida por el viento implacable,
excepción vista en amor de tarde.
Conquistarte y verte mi mayor peligro,
torturar al día es mi gran martirio.
Cuando el halo de luz toca el piso,
tú recibes el desasosiego del sino
y te destinas a sonrisas que se esconden,
de por sombra ser envuelta en ilusiones.
Arropada por consuelo de las noches
en lo oscuro de las miles de visiones,
por amor a un sendero de gozo,
aunque cueste la maldición de un esposo.
Amarte fue embestir este reposo
pero fue descubrir un amor en acoso:
cuidando de alegría nuestros pasos
al son de quererte de estos brazos.
No te pido que sonrías en ironía a este caso,
sabemos bien que el sacrificio no es fracaso.
Una mañana de dificultades que transforma
esa sonrisa en tus labios que me perdona.
Yo te amo, tú me amas, no hay más forma.
Arriesgarnos es un juego que traiciona,
mas no jugar es aburrirnos sin pecado;
y no amar casada, de dolor, un recaudo.
Algún día escaparemos del día renegado,
renegado de aceptar lo que ha pasado.
Enamorarse ¿Fue peor? Me discierno.
El tiempo no perdona... conocernos.
¿Es esto un error? ¿Una huida del cielo
o tal vez una maldición de siempre vernos,
una casta decisión no muy temprana,
un deseo fastidioso para nada?
Hoy callemos esperando un mañana,
hoy esperemos que el tiempo nos perdone.
El tiempo que es testigo de conocerte
en incomoda posición y a malas horas.
¿Qué haremos a este iniciado fraude?
¿Qué haremos al impredecible cause?
¿Qué haremos al amor que se esconde
en el mundo de moralidad y otros nombres?
Tal vez es mi realidad ser el hombre
que te vio siendo mujer que se expone.
Tal vez es mi realidad no ser nadie
mientras soy todo cuando me perfuma el desaire.
III
No juego a verte, ya te veo;
no juego a conocerte, te conozco;
no juego a arriesgar, ya te arriesgo;
no juego a quererte, te amo.
No digas que juego contigo,
hace mucho que empezó este juego.
La tormenta que abrazamos esta noche
es el clima que percibe nuestro ruego.
No digas que no te amo suficiente:
Porque te amo, sé que no quiero perderte;
pero la desconfianza no confía y te persigue,
y sin amor, más fuerte son sus voces.
Sabes bien que sé a pecado,
sabes bien que tú también lo sabes.
Te he probado, me probaste. ¿Qué más hago?
Derrochar la hipocresía de tus labios;
tú la usas, vida mía, demasiado.
Él lo sabe, lo sabemos. ¿A qué jugamos?
No digas que estás cansada,
mi cuerpo lo ha estado desde siempre,
y así siempre lo ha estado, ha estado amando;
no digas que estás llorando,
mi alma llora cada mañana y... ¿No lo notas?
No digas que ya estás harta,
que la muerte puede tomar mis manos,
temo que lo haga...
La imagen que veo me desgarra el alma
y la ira me desploma del sosiego y de estos años.
Primaveras han pasado con tu sol
¿Hoy qué ha pasado que te has cansado?
¿Es acaso que ya no me amas?
¿Es acaso que el pecado te ha arrastrado
a un galante arrepentir ansioso y fatuo?
¿Por qué ya no tienes ganas?
Te veo, me veo.
¿No es esto haber llegado demasiado lejos?
Regresar es cansado. ¿Eso deseas?
Partimos hace mucho, el camino fue largo ¿No lo recuerdas?
Estás harta, vida mía, ¡y no comprendo!
Se marchita la ilusión de nuestras noches.
Te escucho y callas.
El suelo te ve y me desplomo.
Un secreto te conoce y no lo has presentado.
Te conozco, me conoces...
Si el pecado ya de lleno me ha tomado
la aventura de amarte en secreto ha terminado
El escondite, por mis sueños, lo ilumino,
y es mi turno de tomar al pecado.
¿Qué pasa contigo?
Sigues sin decir nada;
el pecado te ha golpeado -eso creo-,
el pecado no respeta a la conciencia,
la maldición se lo lleva en las maletas:
Ya partimos... temo que hay que desempacar.
Si el pecado ya de lleno me ha tomado,
jugaremos este juego con mis manos.
Si desempacamos,
jugaremos a secreto y a pecado,
y a mostrar, vida mía, realidad,
aunque el juego se nos canse con los daños.
IV
La victoria me ha engañado,
me tomaste hace tanto, y no disfruto
al fanatizar esta derrota que he ganado...
y consumir este glorioso y arduo insulto.
Te vas de mi vida, me dices ahora,
cuando es preciso que te desee a cada hora;
y me quieres abandonar a mi suerte
aunque sepas que por ti gira mi mente;
casualmente no acepto tu presente,
no presté pedazos de alma y muerte.
¡Resígnate a perderme! Me imploras
mientras detrás de tus ganas mi alma llora.
Disculpa no aceptar tu retrato,
donde veo que te ves ya algo cansada.
¿Insinúas que me quede con el trato
de una joven que no estaba enamorada?
Me permito distinguirte con honores;
este hombre se ha quedado amándote.
Vida mía, no es que esto sean reproches,
pero obsérvame, ya estoy entregándote...
Olvidé que llegaría este día,
es que el tiempo en mis manos no pasaba,
se me fue la vida mientras te escondía,
y el resto lo regalé a esta almohada.
No digas que lo sientes,
en verdad no sientes nada.
No sabía que no debía amarte
y guardar la vida que entregaba.
¡Vete! No digas más, que no hay tanto que decir.
Te amo. Fui tu amante tantos años. ¿Lo olvidaste?
¿No recuerdas esos sueños que matábamos sin fin?
¿No recuerdas esos brazos en los que algún día estuviste?
Escondimos tanto, vida mía, jugué a ganar el tiempo
mientras perdía la vida, mis espacios y mi anhelo;
eras tú mi anhelo, mi ilusión, mi fantasía en el cielo:
jugué a perderte cada noche, a cada momento.
Mientras para mí era un revitalizador instrumento,
para ti era un golpe a la melancolía aburrida;
mientras que para mí era un dulce encuentro,
para ti eran pecados que gozabas divertida.
Es el fin. Lo sabes. Lo sé.
No olvides que te quiero... ¡Me desespero!
Fui un pecador, tú lo sabes:
Es momento de retener al tiempo.
V
Asiendo al pecado me hallo,
ese que estuvimos haciendo.
No he de vivir después de ti,
no entiendo por qué temerle a la vida entonces...
Te veo llorar a su lado frustrada,
¿Te duele algo, vida mía?
¿No estabas de esto cansada?
¿No había una nueva monotonía?
Jugaste con dos en un mismo latir,
no me amaste, no lo amaste, ¡no amaste!
Fui un pecador por mentir,
fui un pecador por llegar a amarte,
por querer hacerte feliz,
por querer, de amor, llenarte.
La luz ha descubierto nuestro secreto,
el secreto del pecado que abrazamos,
la noche ha tomado ya mis manos,
y ha portado en mi traje este momento.
¡Llora! Es lo último que nos queda,
consumamos este miedo con llanto
y vistamos con sangre esta espera,
sorbo a sorbo prueba la miel de este canto
y despoja de tu piel esa humeante prenda
que arde de dolor, desesperación y tanto.
¡Sufre, mi vida! Que sufrir es placer extraño,
es como la prueba de un dolor incesante,
algo así como una eterna muerte y daños,
algo así como lo que siente este amante.
¿Por qué lloras a alguien que no roba aire?
¿Por qué lloras a alguien que jamás quisiste?
¿Por qué llorar a un cuerpo que no entiende?
¿Por qué llorar a una ausencia que jamás perdiste?
No llores más y dale un sorbo a la muerte,
prueba de esta nueva vida que nos presenta el pecado,
sabía bien que los secretos de un pecador no siempre
eran el auxilio al alma que la esperanza había llamado.
Somos pecado, vida mía, tú lo sabes perfectamente.
Quita ya ese pavor de tu respiración agitada,
y bríndale a este secreto una invitación decente
a la realidad que encuentras cuando ves la nada.
Somos pecados, el mundo lo sabe perfectamente,
el pecado nos vive cada día, cada vez que el alma quiere,
todos hemos conocido al pecado alguna vez de frente,
todos sabemos a qué sabe pecar, perfectamente.
No te asustes, muerte mía, el pecado se ha aferrado
a existir en la trastienda de un caminar a nuestro lado.
¿Dónde habías estado pecado? Me atreví a preguntarle.
Aquí -me contestó-, no sé estar en otra parte.
A locura y a pecado sabe la vida,
aunque también lo sabe la muerte;
a locura y a pecado me supiste,
y el secreto nos costó la muerte.
Todos guardamos secretos. ¡Ironía!
¡Y todos somos pecadores, alma mía!
¿Qué escondemos en la almohada? No sabía.
Cada quien esconde algo cada noche, cada tarde, cada día.
Este fue nuestro secreto,
lo serán tus voces cuando cese la tarde;
más secreto no habrá mañana,
no hay secreto sino hay quien lo guarde.
Éramos secretos de un pecado, fuimos lo que quisimos ser.
Éramos pecados de un secreto, fuimos lo que amamos ser.
Si el pecado ya me había tomado de lleno,
entonces, ya no veo qué hacer con él.
¿Pudiera decirnos en que categoría ubicaría este poema?
Amor
Amistad
Familia
Poemas de Cumpleaños
Poemas de San Valentín o
Día de los Enamorados
Poemas del Día de la Mujer
Poemas del Día de las Madres
Poemas del Día de los Padres
Poemas de Navidad
Poemas de Halloween
Infantiles
Perdón
Religiosos
Tristeza y Dolor
Desamor
Otra Categoría
¿ Te gustó este poema? Compártelo: Amor
Amistad
Familia
Poemas de Cumpleaños
Poemas de San Valentín o
Día de los Enamorados
Poemas del Día de la Mujer
Poemas del Día de las Madres
Poemas del Día de los Padres
Poemas de Navidad
Poemas de Halloween
Infantiles
Perdón
Religiosos
Tristeza y Dolor
Desamor
Otra Categoría
Compartiendo el poema con tus amigos en facebook ayudas a la difusión de estas bellas creaciones poéticas y ayudas a dar a conocer a los poetas.

