Un paseo por el mar
Estaba yo en mi barco, manejándolo sin poder,
¡ me llamo Eliezer ! - Grité, contemplando el alba al atardecer.
Solté el timón, arrié mi vela,
pero entonces me di cuenta que le faltaba un trozo de tela.
Continué navegando, aunque hambriento estaba,
pero un dulce cantar de sirena a mi estómago consolaba.
La sirena se acercó a mí, pero yo le dije :
apártate, vete de aquí.
Al día siguiente, me pregunté por qué aquello hice,
eché a la sirena de mi barco, aunque yo no lo quise.
Al pasar un rato, la sirena a mi barco volvió,
y al no decirle nada, ella se me acercó.
Perdóname - le dije, ayer me descontrolé,
nada más tocaste el barco, y un grito te solté.
Pasó un minuto y me di cuenta de que la sirena no hablaba,
era la madera de mi barco, que su húmedo cuerpo secaba.
Corriendo fui hacia ella y la dejé en el mar,
calmé mis fuertes nervios, cuando vi que podía nadar.
Para agradecer lo que hice, ella insistió en darme,
aunque yo no quise,un trozo de tela para poder navegar.
Mucho me insistió, y el trozo de tela acepté,
se lo cosí a mi vela, y a la mar me precipité.
Al llegar a tierra me lamenté, pero en un acto de relajarme
pensé : Voy a echarla de menos pero algún día volveré.
Estaba yo en mi barco, manejándolo sin poder,
¡ me llamo Eliezer ! - Grité, contemplando el alba al atardecer.
Solté el timón, arrié mi vela,
pero entonces me di cuenta que le faltaba un trozo de tela.
Continué navegando, aunque hambriento estaba,
pero un dulce cantar de sirena a mi estómago consolaba.
La sirena se acercó a mí, pero yo le dije :
apártate, vete de aquí.
Al día siguiente, me pregunté por qué aquello hice,
eché a la sirena de mi barco, aunque yo no lo quise.
Al pasar un rato, la sirena a mi barco volvió,
y al no decirle nada, ella se me acercó.
Perdóname - le dije, ayer me descontrolé,
nada más tocaste el barco, y un grito te solté.
Pasó un minuto y me di cuenta de que la sirena no hablaba,
era la madera de mi barco, que su húmedo cuerpo secaba.
Corriendo fui hacia ella y la dejé en el mar,
calmé mis fuertes nervios, cuando vi que podía nadar.
Para agradecer lo que hice, ella insistió en darme,
aunque yo no quise,un trozo de tela para poder navegar.
Mucho me insistió, y el trozo de tela acepté,
se lo cosí a mi vela, y a la mar me precipité.
Al llegar a tierra me lamenté, pero en un acto de relajarme
pensé : Voy a echarla de menos pero algún día volveré.
