La concubina



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La concubina
1. Éste es el diálogo último: hasta aquí
estoy oyendo el remezón de tu risotada               
con emputecimiento y todo,
      en la guerra
se gana o se pierde y yo perdí,
y tú perdiste igual, no hay pelitos recónditos               
que suavicen el enigma: útero es útero y falo es falo, no hay
aura ni distinción, ni mucho menos Danza,               
      haces tu número
en la feria y te vas, todo es comercio de hombre
y de mujer, no hay pelitos recónditos y uno es todos sus animales               
a la vez y por lo visto quién engaña a quién, ésta es la bestia
-tú y yo- que somos.               

       

2. De esto se pare y se muere, la guerra      es ésta,
dejemos los sentidos para ocasiones más
olorosas, el beso lo dejemos para el dialecto               
delicado y
concubino, ésta es la fiereza, mi rey, acuéstese
de una vez en este hueco de placer:               
de ahí saldrá más entero

3. que de adentro de su madre. Usted es un arrepentido               
y un lastimado, lo que no corresponde a un rey
por mucho que haya engendrado en cuanto rey tan alta dinastía:               
tres semanas de arrullo bastan, lo que le falta a usted
es cuchillo y sangre de cuchillo para cortar abajo               
el tajo,
de la putrefacción a la ilusión.