Soneto imprevisto
Esposa, esta noche yo me he preguntado
quién eres y quién eres.
Por qué es triste tu cara como un fuego apagado
y por qué tienes llena la boca de alfileres.
Esposa, esta noche yo te he separado
como un árbol de amor de las demás mujeres
y haciendo de mi amor un caldo he bautizado
con él tus alegrías, tus gritos, tus placeres.
Y le he dicho a la muerte que no puede matarme.
Y le he dicho a la vida que no puede vencerme.
Y le he dicho a la tierra que si logra enterrarme
de donde ella me ponga tú irás a recogerme.
Y le he dicho a la nada que si logra apagarme tú,
con tus grandes besos, volverás a encenderme.
