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Fragmentos de "don juan tenorio" - Poemas de José Zorrilla



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Categoría: Poemas de Amor
Fragmentos de "don juan tenorio"
Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008

       

Doña Inés:
Callad, por Dios, ¡oh, don Juan!,               
que no podré resistir
mucho tiempo sin morir
tan nunca sentido afán.               
¡Ah! Callad por compasión,
que oyéndoos me parece
que mi cerebro enloquece               
se arde mi corazón.
¡Ah!, me habéis dado a beber
un filtro infernal, sin duda,               
que a rendiros os ayuda
la virtud de la mujer.
Tal vez poseéis, don Juan,               
un misterioso amuleto
que a vos me atrae en secreto
como irresistible imán.               
Tal vez Satán puso en vos:
su vista fascinadora,
su palabra seductora,               
y el amor que negó a Dios.
¡Y qué he de hacer ¡ay de mí!
sino caer en vuestros brazos,               
si el corazón en pedazos
me vais robando de aquí?
No, don Juan, en poder mío               
resistirte no está ya:
yo voy a ti como va
sorbido al mar ese río.               
Tu presencia me enajena,
tus palabras me alucinan,
y tus ojos me fascinan,               
y tu aliento me envenena.
¡Don Juan! ¡Don Juan!, yo lo imploro               
de tu hidalga compasión:
o arráncame el corazón,
o ámame porque te adoro.               

              

Don Juan:
¿Alma mía! Esa palabra               
cambia de modo mi ser,
que alcanzo que puede hacer
hasta que el Edén se me abra.               
No es, doña Inés, Satanás
quien pone este amor en mí;
es Dios, que quiere por ti               
ganarme para Él quizás.
No, el amor que hoy se atesora
en mi corazón mortal               
no es un amor terrenal
como el que sentí hasta ahora;
no es esa chispa fugaz               
que cualquier ráfaga apaga;
es incendio que se traga
cuanto ve, inmenso, voraz.               
Desecha, pues, tu inquietud,
bellísima doña Inés,
porque me siento a tus pies               
capaz aún de la virtud.
Sí, iré mi orgullo a postrar
ante el buen Comendador,               
y o habrá de darme tu amor,
o me tendrá que matar.               

              

Doña Inés:
¡Don Juan de mi corazón!               

              

* * *
(...)Don Juan:               
Culpa mía no fue: delirio insano
me enajenó la mente acalorada.               
Necesitaba víctimas mi mano
que inmolar a mi de desesperada,
y al verlos en mitad de mi camino               
presa les hice allí de mi locura.
¡No fui yo, vive Dios! ¡Fue su destino!               
Sabían mi destreza y mi ventura.
Oh! Arrebatado el corazón me siento              
por vértigo infernal..., mi alma perdida
va cruzando el desierto de la vida               
cual hoja seca que arrebata el viento.
Dudo..., temo..., vacilo..., en mi cabeza               
siento arder un volcán..., muevo la planta
sin voluntad, y humilla mi grandeza               
un no sé qué de grande que me espanta.
...
¡Jamás mi orgullo concibió que hubiere               
nada más que el valor...! Que se aniquila
el alma con el cuerpo cuando muere               
creí..., mas hoy mi corazón vacila.
¡Jamás creí en fantasmas...! ¡Desvaríos!               
Mas del fantasma aquel, pese a mi aliento,
los pies de piedra caminando siento               
por doquiera que voy, tras de los míos.
¡ Oh! Y me trae a este sitio irresistible              
misterioso poder...

* * *
(...)Don Juan:
¿Conque hay otra vida más               
y otro mundo que el de aquí?
¿Conque es verdad, ¡ay de mí!,
lo que no creí jamás?               
¡Fatal verdad que me hiela
la sangre en el corazón!
Verdad que mi perdición               
solamente me revela.

                                                        




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