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BÉlgica - Poemas de Josep Carner



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BÉlgica
Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008

Si mi destino fuesen las tierras extranjeras,
me agradaría envejecer en un país               
donde la luz se filtrase cual sonrisa amarilla, grisácea,
y prados hubiera con ojos de agua y aceras               
ornadas de olmos, arces y perales;
vivir en paz, nunca señalado,               
en una nación de buenas gentes unidas,
cual corazón junto a corazón, ciudad junto a ciudad,               
y calles y faroles avanzando por el césped.
Cielo y nubes, dóciles o crueles,               
cautivos quedarían en canales de trémula agua,
toda ella deseo de reflejar a las estrellas.               

Me gustaría hacerme viejo en una ciudad
con soldados no muy de veras,               
donde todos se enterneciesen con música y pintura
o con el bello árbol japonés en flor,               
donde el niño y el obrero nunca inspiraran tristeza,
donde viéseis unos interiores humanizados              
por las pipas, las charlas y la hospitalidad,
con flores ardientes cual magnífica sorpresa,               
incluso en los días más fríos.
Y a menudo, junto a un portal de iglesia,               
habría pintoresco, un mercado famoso,
con el botín del mar, con los dones de la tierra,               
todo abundante para todos.

Una ciudad donde sobraría tiempo               
para ver, por amor a la melancolía
o por deseo de novedad tintineante,               
casas antiguas con parques donde anidan sombras
y muchas casas nuevas con jardincillo delante.               
Ahí se encontrarían sabios de todas suertes,
y cien paraguas eminentes               
formarían -ay, abiertos- oficiales hileras
en la inauguración de los monumentos.               
Y de pronto, al borde de largas avenidas,
estarían los hayedos, las manchas de los estanques,               
para el amor, el gozo, la soledad y el lamento.

De mucho, desierto; de mucho, ayuno,               
en medio de los demás viviría, un poco en cada uno.
Mas nadie a nadie               
habría de temer, de seguir su vía.
Por azar conocería un viejo jardín               
recoleto, de cristalino surtidor,
con peces de oro que dan más alegría.               
De mí dirían niños con migas de pan en la mano:
-Es el señor de cada día.
              
Versión de José Batlló
"Ocho siglos de poesía catalana", Editorial Alianza




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