Dónde estés, libertad, donde tú vibres...
Donde estés, libertad, donde tú vibres,
donde tú sueltes todas tus amarras,
donde desdeñes fiestas y cadenas,
donde grites, te rompas o destruyas
por caminar por donde tú camines,
llévame,
llévame y no me dejes en las manos
de la comodidad y de sus descendientes
borrachos y halagados por el ocio,
ni tampoco detrás de la mordaza
y su muro de sangre detenida.
No me abandones en las manos áureas
de la opulencia ni de la abundancia,
ni te olvides de mí
cuando pases la lista de los tuyos;
que ni por un instante mi nombre y mi fatiga
se quieran ausentar de tu recordatorio.
Mantenme con la antorcha de la lucha,
con el temible hachón de tu exigencia,
con la guardia viril de tu desvelo
o con el aguijón de la renuncia;
no dejes que me esconda en el refugio
del miedo o del olvido
para que tú no dejes de florecer ni un día
bajo la lluvia de un discreto llanto;
para que te coronen los aplausos
como la reina única del mundo.
Para que nunca te me desorientes
grábame en la maltrecha piel de mi compromiso
tu insignia, libertad, por si me pierdo
entre mentiras adormecedoras;
algo de ti me ayude
a recobrar de prisa
el feliz privilegio de tus arduas costumbres.
De Rumor de la esperanza (2001)
Donde estés, libertad, donde tú vibres,
donde tú sueltes todas tus amarras,
donde desdeñes fiestas y cadenas,
donde grites, te rompas o destruyas
por caminar por donde tú camines,
llévame,
llévame y no me dejes en las manos
de la comodidad y de sus descendientes
borrachos y halagados por el ocio,
ni tampoco detrás de la mordaza
y su muro de sangre detenida.
No me abandones en las manos áureas
de la opulencia ni de la abundancia,
ni te olvides de mí
cuando pases la lista de los tuyos;
que ni por un instante mi nombre y mi fatiga
se quieran ausentar de tu recordatorio.
Mantenme con la antorcha de la lucha,
con el temible hachón de tu exigencia,
con la guardia viril de tu desvelo
o con el aguijón de la renuncia;
no dejes que me esconda en el refugio
del miedo o del olvido
para que tú no dejes de florecer ni un día
bajo la lluvia de un discreto llanto;
para que te coronen los aplausos
como la reina única del mundo.
Para que nunca te me desorientes
grábame en la maltrecha piel de mi compromiso
tu insignia, libertad, por si me pierdo
entre mentiras adormecedoras;
algo de ti me ayude
a recobrar de prisa
el feliz privilegio de tus arduas costumbres.
De Rumor de la esperanza (2001)
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