De tanto de aquello (memorias fenecidas)
DE TANTO DE AQUELLO (Memorias Fenecidas)
De aquellas viejas frases que en memorias se han vestido,
De aquellos tibios ojos que una vez fueron mi nido.
De tanto y de nada, solo en recuerdo,
De tanto y de poco que me acuerdo.
De tardes de abriles regazadas en el tiempo,
De labios que de hiel han manchado sus lamentos,
De ti o de mi, solo pretextos,
De aquel o de este, no vale ya!
Porque vestimos de pasado nuestras ganas,
Hasta de pieles ajenas el dolor,
Febril silencio que en el viento se derrama,
Entre la niebla que apresaba su candor.
No me resignes a marchar sin alma,
No me reproches si el que vuelve ahora soy yo,
Si de tanto de aquello que en ese andén vivimos,
Solo en memorias fenecidas se atavió.
De vuelta al suelo donde escarbe tu risa,
De vuelta al cielo donde oí tu voz,
De vuelta envuelta con el alma deprisa,
Por enseñarte lo que dejaste en mi rincón.
Un par de huellas, y un ojal de margaritas,
Que he deshojado esperando por tu albor,
No te das cuenta que me pesa la camisa,
Cuando te asomas en este endeble corazón.
DE TANTO DE AQUELLO (Memorias Fenecidas)
De aquellas viejas frases que en memorias se han vestido,
De aquellos tibios ojos que una vez fueron mi nido.
De tanto y de nada, solo en recuerdo,
De tanto y de poco que me acuerdo.
De tardes de abriles regazadas en el tiempo,
De labios que de hiel han manchado sus lamentos,
De ti o de mi, solo pretextos,
De aquel o de este, no vale ya!
Porque vestimos de pasado nuestras ganas,
Hasta de pieles ajenas el dolor,
Febril silencio que en el viento se derrama,
Entre la niebla que apresaba su candor.
No me resignes a marchar sin alma,
No me reproches si el que vuelve ahora soy yo,
Si de tanto de aquello que en ese andén vivimos,
Solo en memorias fenecidas se atavió.
De vuelta al suelo donde escarbe tu risa,
De vuelta al cielo donde oí tu voz,
De vuelta envuelta con el alma deprisa,
Por enseñarte lo que dejaste en mi rincón.
Un par de huellas, y un ojal de margaritas,
Que he deshojado esperando por tu albor,
No te das cuenta que me pesa la camisa,
Cuando te asomas en este endeble corazón.