Del silencio y sus demonios (1)
Como candil de día que su albor mendiga,
Tan errante en el velero férreo de sus labios,
Así es el olvido, como ola que no se detiene,
Como cerrazón que el aire acribilla su interior.
Como ave descalza hiriente de sus huellas,
De las sombras que atisban el recado de su voz,
Así es el recuerdo, una poesía a medio terminar,
Con prisa al rosetón donde se asoma en las entrañas.
Mis labios ciegos no descansan,
No se recaman de fatigas, de delirios,
Mis abismos son silencios que agrietan mis palabras,
Aire inerte de agonías que respiro al remendar,
Heridas de un dolor ajeno, apresadas sin gerundio,
Sin pretéritos ni ruegos que forjen regresos a este recital.
Y clamé en el viento para acariciar su oído,
Silbante hojarasca enramada con cordeles de libertad,
Que amé al fervor de revertir lo vivido,
Sin labrar sus rieles a la deriva de su afán.
Es el olvido un mar, donde el recuerdo son sus olas,
Devanea broza que febrilmente se asoma,
En el encortinado rincón de mi soledad.
Como candil de día que su albor mendiga,
Tan errante en el velero férreo de sus labios,
Así es el olvido, como ola que no se detiene,
Como cerrazón que el aire acribilla su interior.
Como ave descalza hiriente de sus huellas,
De las sombras que atisban el recado de su voz,
Así es el recuerdo, una poesía a medio terminar,
Con prisa al rosetón donde se asoma en las entrañas.
Mis labios ciegos no descansan,
No se recaman de fatigas, de delirios,
Mis abismos son silencios que agrietan mis palabras,
Aire inerte de agonías que respiro al remendar,
Heridas de un dolor ajeno, apresadas sin gerundio,
Sin pretéritos ni ruegos que forjen regresos a este recital.
Y clamé en el viento para acariciar su oído,
Silbante hojarasca enramada con cordeles de libertad,
Que amé al fervor de revertir lo vivido,
Sin labrar sus rieles a la deriva de su afán.
Es el olvido un mar, donde el recuerdo son sus olas,
Devanea broza que febrilmente se asoma,
En el encortinado rincón de mi soledad.
