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Lapartida - Poemas de Lord Byron



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Lapartida
Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008

           
     

¡Todo acabó! La vela      temblorosa
      se despliega a la brisa del mar,
      y yo dejo esta playa cariñosa
      en donde queda la mujer hermosa,
      ¡ay!, la sola mujer que puedo amar.
      Si pudiera ser hoy lo que antes era,
      y mi frente abatida reclinar
      en ese seno que por mí latiera,
      quizá no abandonara esta ribera
      y a la sola mujer que puedo amar.
     
      Yo no he visto hace tiempo aquellos ojos
      que fueron mi contento y mi pesar;
      loa amo, a pesar de sus enojos,
      pero abandono Albión, tierra de abrojos,
      y a la sola mujer que puedo amar.
      Y rompiendo las olas de los mares,
      a tierra extraña, patria iré a buscar;
      mas no hallaré consuelo a mis pesares,
      y pensaré desde extranjeros lares
      en la sola mujer que puedo amar.
     
      Como una viuda tórtola doliente
      mi corazón abandonado está,
      porque en medio de la turba indiferente
      jamás encuentro la mirada ardiente
      de la sola mujer que puedo amar.
      Jamás el infeliz halla consuelo
      ausente del amor y la amistad,
      y yo, proscrito en extranjero suelo,
      remedio no hallaré para mi duelo
      lejos de la mujer que puedo amar.
     

       
     

Mujeres más hermosas he      encontrado,
      mas no han hecho mi seno palpitar,
      que el corazón ya estaba consagrado
      a la fe de otro objeto idolatrado,
      a la sola mujer que puedo amar.
      Adiós, en fin. Oculto en mi retiro,
      en el ausente nadie ha de pensar;
      ni un solo recuerdo, ni un suspiro
      me dará la mujer por quien deliro,
      ¡ay!, la sola mujer que puedo amar.
     
      Comparando el pasado y el presente,
      el corazón se rompe de pesar,
      pero yo sufro con serena frente
      y mi pecho palpita eternamente
      por la sola mujer que puedo amar.
      Su nombre es un secreto de mi vida
      que el mundo para siempre ignorará,
      y la causa fatal de mi partida
      la sabrá sólo la mujer querida,
      ¡ay!, la sola mujer que puedo amar.
     
      ¡Adiós!..Quisiera verla... mas me acuerdo
      que todo para siempre va a acabar;
      la patria y el amor, todo lo pierdo...
      pero llevo el dulcísimo recuerdo
      de la sola mujer que puedo amar.
      ¡Todo acabó! La vela temblorosa
      se despliega a la brisa del mar,
      y yo dejo esta playa cariñosa
      en donde queda la mujer hermosa,
      ¡ay!, la sola mujer que puedo ama

       

Versión de IsmaelEnrique Arciniegas




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