Vespertina



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Vespertina

Más, apóyate más, que      sienta el peso
de tu brazo en el mío; estás cansada,
y se durmió en tu boca el postrer beso
y en tus pupilas la última mirada.

       

¡Qué fatiga tan dulce, la      fatiga
que precede a los éxtasis; pereza
del cuerpo y del espíritu, que obliga
a mezclar el amor con la tristeza!

       

Se ve la luz. Y la      Naturaleza
parece que nos dice: Soy amiga
de todos los que se aman; soy amparo.
Ya os di alcobas de flores, ya os di asilos
misteriosos, descansad tranquilos
en la estrellada sombra que os preparo.

       

¡Oh, buena amiga! --el alma      de las cosas
sigue de nuestro espíritu las huellas--:
primero para amar nos diste rosas;
después, para soñar, nos das estrellas.

       

La luz se duerme en el      zafir, lo mismo
que en los profundos ojos de mi amada;
pero queda un fulgor en el abismo
y un toque de pasión en la mirada.
¡Sutil y misterioso panteísmo!
...Más, apóyate más; vienes cansada...