Ars moriendi



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Ars moriendi
I
Morir es... Una flor hay, en el sueño        
-que, al despertar, no está ya en nuestras manos-,
de aromas y colores imposibles...        
Y un día sin aurora la cortamos.

II
Dichoso es el que olvida        
el porqué del viaje
y, en la estrella, en la flor, en el celaje,
deja su alma prendida.        

III
Y yo había dicho: «¡Vive!»
Es decir: ama y besa,
escucha, mira, toca,        
embriágate y sueña...
Y ahora suspiro: «¡Muérete!»
Es decir: calla, ciega,        
abstente, para, olvida,
resígnate... y espera.

IV
Era un agua que se secó,        
un aroma que se esfumó,
una lumbre que se apagó...
Y ya es sólo la aridez,        
la insipidez,
la hez...

V
La Vida se aparece como un sueño        
en nuestra infancia... Luego despertamos
a verla, y caminamos
el encanto buscándole risueño        
que primero soñamos;
... y, como no lo hallamos,
buscándolo seguimos,        
hasta que para siempre nos dormimos.

VI
¡Y Ella viene siempre! Desde que nacemos,        
su paso, lejano o próximo, huella
el mismo sendero por donde corremos        
hasta dar con Ella.

VII
Lleno estoy de sospechas de verdades        
que no me sirven ya para la vida,
pero que me preparan dulcemente        
a bien morir...

VIII
Mi pensamiento, como un sol ardiente,        
ha cegado mi espíritu y secado
mi corazón ...

IX
El cuerpo joven, pero el alma helada,        
sé que voy a morir, porque no amo
ya nada.