Lobo estepario gris
Hocico delator,
que busca aromas ya usurpados, ya lejanos,
ojos candentes, apagados,
que no encuentran ese aura, por más que la orquídea
se pasea ante mí.
Cola endurecida, miedosa,
nerviosa por saberse encerrada y no tener salida,
pezuñas doloridas, intranquilas,
por tanto rascar este lugar de pobredumbre.
Pelaje escabroso, maléfico,
que cautiva y a la vez da lástima
a cazadores presurosos,
dentadura inútil, diabólica,
que corrompe este cuerpo, sabe a pudrición y contagia microbios.
Bigotes caídos, ya no atentos,
corresponden al palpitar de este cuerpo, apagado,
sucumbido en un altibajo que amenaza
con lograr una marca bajo cero, escandalosa.
Patas temblorosas, dispares.
Miembros entumecidos, luchadores.
Panza quejosa, uretra cerrada,
caminar pensante, meditativo,
no atiende al instinto y sigue buscando idiota,
entre los muchos metros de nieve caída,
la tibia carne de esa esperanza perdida
y ya no reconoce suya
a su cueva.
Instinto de perro, débil,
sexto sentido apagado,
yace bajo toneladas de pensamientos,
bajo los pesares de mis conflictos,
si tan solo supiera volver a casa...
Soy megamorfo y no me encuentro nunca,
otorgué una parte mía la cual escondía,
decidí mostrarla,
ahora ya no la encuentro.
La quiero, para poder ser,
te pido la traigas, si no quieres compartirla,
la necesito, es mía.
Quisiera morder y despedazar como lobos,
pero tan sólo queda
el niño
que
fuí
contigo.
Hocico delator,
que busca aromas ya usurpados, ya lejanos,
ojos candentes, apagados,
que no encuentran ese aura, por más que la orquídea
se pasea ante mí.
Cola endurecida, miedosa,
nerviosa por saberse encerrada y no tener salida,
pezuñas doloridas, intranquilas,
por tanto rascar este lugar de pobredumbre.
Pelaje escabroso, maléfico,
que cautiva y a la vez da lástima
a cazadores presurosos,
dentadura inútil, diabólica,
que corrompe este cuerpo, sabe a pudrición y contagia microbios.
Bigotes caídos, ya no atentos,
corresponden al palpitar de este cuerpo, apagado,
sucumbido en un altibajo que amenaza
con lograr una marca bajo cero, escandalosa.
Patas temblorosas, dispares.
Miembros entumecidos, luchadores.
Panza quejosa, uretra cerrada,
caminar pensante, meditativo,
no atiende al instinto y sigue buscando idiota,
entre los muchos metros de nieve caída,
la tibia carne de esa esperanza perdida
y ya no reconoce suya
a su cueva.
Instinto de perro, débil,
sexto sentido apagado,
yace bajo toneladas de pensamientos,
bajo los pesares de mis conflictos,
si tan solo supiera volver a casa...
Soy megamorfo y no me encuentro nunca,
otorgué una parte mía la cual escondía,
decidí mostrarla,
ahora ya no la encuentro.
La quiero, para poder ser,
te pido la traigas, si no quieres compartirla,
la necesito, es mía.
Quisiera morder y despedazar como lobos,
pero tan sólo queda
el niño
que
fuí
contigo.
