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Aquel día en tu cuarto - Poemas de Pablo Muñoz



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Aquel día en tu cuarto
Poema publicado el 26 de Junio de 2010

Tu me invitaste un día a tu cuarto y me dijiste: “solo siéntate y observa”. Yo sin más preámbulo solo te hice caso y te miré.
Al principio me sudaban las manos por no saber lo que harías pero ansioso esperaba por ver algo que me asombrara.
De repente te acercaste a mí, me miraste fijamente a los ojos y me comenzaste a besar, yo solo me deje llevar por el  ardor de dos cuerpos juntos que se atraen por la liberación de una pasión descontrolada.
Te alejaste retrocediendo pero sin quitarme la mirada de encima. Comenzaste a tocarte y de a poco te fuiste recostando en la alfombra de tercio pelo que ahí estaba.
Yo atónito sin saber que hacer, solo cumplía con lo que me encomendaste y me dedique a mirar sin pensar en nada,  más que solo en lo que mis ojos me decían.
Decidí levantarme de mi asiento y lentamente me acerque  a ti con el más mínimo cuidado para no interrumpir tus autoplaceres.
De pronto giras la cabeza y me vuelves a besar pero esta vez de una forma que me incita a poseerte de inmediato y hacerte saber que las miradas ya habían quedado atrás para dar paso al tan esperado tacto.
Te bese el cuello, la boca y hasta incluso las zonas inexploradas de tu cuerpo, pues ellas me llamaban a hacerlo sin reparo.
Nuestros cuerpos pasaron de estar uno al lado del otro a ser  el único que se movía en la habitación.
Hasta ese entonces nuestro único testigo era esa alfombra que se unía a nosotros por cada suspiro  húmedo que nuestros cuerpos liberaban.
Luego comenzamos a hacer el amor desprendiendo todas las fantasías frustradas y oprimidas que hasta ese momento no imaginábamos cumplir en la alfombra.
Nos comenzamos a acercar a la culminación de todo este acto lascivo mientras mas y mas el placer aumentaba mutualmente hasta llegar al punto máximo de la relación lúbrica y desaparecer en el orgasmo máximo de esa noche en aquella alfombra.
Nos levantamos, nos vestimos y yo me volví a sentar en aquella silla que dio el punto de partida a aquella tan apasionada liberación de lujuria, pasión y deseo.


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