Ángela adÓnica



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Ángela adÓnica

Hoy me he tendido junto a      una joven pura
como a la orilla de un océano blanco,
como en el centro de una ardiente estrella
de lento espacio.

       

De su mirada largamente      verde
la luz caía como un agua seca,
en transparentes y profundos círculos
de fresca fuerza.

       

Su pecho como un fuego de      dos llamas
ardía en dos regiones levantado,
y en doble río llegaba a sus pies,
grandes y claros.

       

Un clima de oro maduraba      apenas
las diurnas longitudes de su cuerpo
llenándolo de frutas extendidas
y oculto fuego.