La rosa de nadie
III
Las piedras claras
van por el aire, las clari-
blancas, portadoras
de luz
No quieren
descender, ni precipitarse,
ni dar en el blanco. Se
alzan
como las sencillas
zarzarrosas, así se abren,
se ciernen
sobre ti, tú, mi sosegada,
tú mi verdadera:
veo que las recoges con las
nuevas
manos de cada uno, las pones
en la claridad-de-una-vez-más, que nadie
necesita llorar ni nombrar
III
Las piedras claras
van por el aire, las clari-
blancas, portadoras
de luz
No quieren
descender, ni precipitarse,
ni dar en el blanco. Se
alzan
como las sencillas
zarzarrosas, así se abren,
se ciernen
sobre ti, tú, mi sosegada,
tú mi verdadera:
veo que las recoges con las
nuevas
manos de cada uno, las pones
en la claridad-de-una-vez-más, que nadie
necesita llorar ni nombrar