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El dios ante el cual me postro - Poemas de Poemas De Daúd



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Categoría: Poemas de Amor
El dios ante el cual me postro
Poema publicado el 02 de Mayo de 2010

El Dios ante el cual me postro no es invisible:
Su cabellera de estrellas no tiene principio y fin
y un jazmín que tiembla sobre su sien
embriaga con su perfume diez mil universos

El Dios ante el cual me postro
es bello y benevolente como la lluvia:
Su voz inconfundible es el agua
resonando sobre el tambor de las hojas
La sinfonía del sol coronando el mundo de resplandor
El verso dulcísimo que el silencio recita
tendido sobre el cuerpo desnudo de la noche que gime

La encantadora mirada
La sonrisa incomparable
el beso y el consuelo
he recibido también del Dios ante el cual me postro

Pupilas negras tamizadas
de innumerable cuarzo
miel celeste
profundidad
fulgor y estrella

Labios como frutos de luz madura
uno el levante
otro el poniente
cuya risa llamamos día
y de cuyo silencio
nace la oscura semilla del sueño

He sido besado también por mi Dios
alguna vez:

Recuerdo sólo
una tormenta
Y una selva virgen frente el océano

Yací inconsciente bajo el fragor del cielo por días sin cuenta
Agonicé en el barro
Fue la lluvia interminable mi largo sudario
y mi oración de gracias
el relámpago
el abandono
y el ritmo de mi propia sangre en suspenso

Media vida perdí en aquel beso inconcebible

Mas llevo en mis labios desde entonces
el sabor inhumano
adolescente y dulce
de la inmortalidad
-muerde aún espléndidamente mi boca
el fruto de la vida…


El Dios ante el cual me postro
no tiene más palabra que la música:

He aquí la rumorosa canción del viento
el vals impetuoso del mar
la percusión vigorosa de la sangre
bajo la cálida piel humana

Y el concierto creciente de los actos
sobre la graderías del tiempo
Y la improvisación atroz y desenfrenada
del pensamiento

Escuchemos
escuchemos con los siglos
el cántico soberbio de la creación
bajo la batuta desesperada de la humanidad…



Aunque olvido decir también
que inaccesible es para mí
alguna vez el Dios ante el cual me postro:

Estoy ante su puerta
El sueño me abandona
Y la recamara está firmemente cerrada

Mis lágrimas horadan mis mejillas
Un desconsuelo abruma mi ayer luminoso corazón

Se arrancan mis hermanos los ojos
por un pedazo de tierra al otro lado del mar
Irrumpen otros de pronto entre nosotros
Y bajo el pretexto de su fe
empuñan terribles fuegos,
látigos como mortales relámpagos
metrallas
máquinas hambrientas de carne hermana
y en el nombre del bien
castigan
y hieren
y destruyen
y vengan
y acribillan

Y hay un sin número de mis semejantes
rondando los cementerios
en la noche del tiempo
y arrancando dientes de oro
del rico cadáver de la libertad
-mercando en el día corazones humanos
en la feria de la mentira
y atesorando bienes y utilidades suficientes
como para comprar la eternidad

Y yo atestiguando el horror desde la puerta cerrada ante mi Dios
y lacerando mi frente y mis nudillos contra ella
cuando tanta miseria en torno
me recuerda tanta miseria interior:

Cuán semejante soy a mis semejantes:
la misma gracia de colibrí viste mi alma infantil
las mismas manchas de chacal sellan mi piel cansada

Pueda mi llanto nocturno
limpiar de herrumbre el delicado cristal
de esta existencia inolvidable…

No obstante
sé de cierto que el Dios ante el cual me postro
ama la danza también
la luz
y las flores:

Bailan los amantes su solitario vals
sobre un lecho fresco a la sombra del paraíso
Y ángeles y pájaros y gráciles criaturas
nacen en cada beso
en cada suspiro inmemorial
en cada inolvidable caricia

La creación se repuebla al ritmo de un lecho amante
Y el mundo esplende
y el cielo es primavera sideral
y un resplandor se derrama en gotas
que en tierra ascienden como flores

Hoy es la fiesta del amor
y no hay frontera entre cuerpo y cuerpo
entre alma y alma
entre tiempo y luz
entre tierra y cielo

Y ante ello mi Dios se regocija
y de belleza se embriaga
y en complacencia con sus radiantes criaturas
planta graciosamente sobre sus inconcebibles sienes
el universo total como un pequeño
húmedo jazmín

Y se perfuma la creación entera
desde aquella cabellera roja
semejante
a un sol poniente imposible…

Divago…

Perdonadme esta torpeza hermanos
puesto que la belleza es para mi débil espíritu
como un poderoso vino

Mas no
no puedo evitar decirlo:

Cuán semejante es el Dios ante el cual me postro
también a la mujer que yo amo


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