Flores sangrientas
Poema publicado el 02 de Mayo de 2010
Corazón:
Viejo amigo
Ya bajo el silencioso resplandor de las lámparas
Ya tendido sobre un alfombrilla
con olor intenso a Sahara y tiempo
Mañana arrodillado
y con el peso de un universo ardiente sobre mis hombros
Ahora mordiendo la insípida blandura de la almohada
para que a la noche no perturbe el huracán de mi llanto
Corazón
Amigo:
Conversemos
Yo hubiese querido entre nosotros
una mujer de larga cabellera e intensos ojos
-mecido el tallo de su hermosura por la fuerza sola de mi aliento-
castigando nuestro sentidos con un perfume de azahar y fuego
Hubiera…
Pero mira:
en el espacio que se extiende entre mis brazos y el límite del lecho
podría habitar un mar
Corazón:
peregrino incansable
¿a quién ofrecemos el tibio pan de nuestra música esta noche?
Sobre un oscuridad total
la lluvia ha ejecutado un concierto destellante
Ahora la luna quiere cantar con un arpa de húmedo zafiro
y un coro inmaculado de estrellas lejanas
¿Qué hemos de hacer?
Cuando el verso primero del plenilunio aletea en nuestra ventana
lloramos una vez más
-dichosamente-
como si aún vagabundeásemos
entre los huertos de la infancia
¿Qué ha sido de nosotros?
Hace un instante quisimos cantar
y hoy sacudimos nuestro cuerpo en este vals violentísimo de llanto
Estamos solos
-Corazón-
Más que nunca
Como cauces secos de turbulentos ríos
El agua amada ha partido
Su agitada y dulce presencia
no ha sido más que un sueño entre nosotros:
Lluvia de néctar
Carne de fruto
Alma de dulcísima azucena
Ojos de sarmiento y jade…
¿Por qué tan hondamente lamentar
la perdida de aquello que nunca se ha tenido?
Mas considera:
Corazón
Amigo:
Por un instante brevísimo
ella se hubo posado entre nosotros
Y hemos sido dichosos
Y hemos sido grandes
Y hemos sido puros…
(Y me responde el corazón:
“Duerme
-Daud-
Reposa
Dentro del arcón del día
se agitan ya los cantos de los pájaros
Hinca con rabia los dientes en la carne de la almohada
porque tras estas paredes tu madre duerme
y su sueño es ligero como brisa
y su alma delicada como la flor del ciruelo
Ahoga tu llanto salvaje en el aljibe del silencio
Daud:
¿Para qué arrojar al rostro del mundo
las flores sangrientas de tu dolor?”)
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Poema publicado el 02 de Mayo de 2010
Corazón:
Viejo amigo
Ya bajo el silencioso resplandor de las lámparas
Ya tendido sobre un alfombrilla
con olor intenso a Sahara y tiempo
Mañana arrodillado
y con el peso de un universo ardiente sobre mis hombros
Ahora mordiendo la insípida blandura de la almohada
para que a la noche no perturbe el huracán de mi llanto
Corazón
Amigo:
Conversemos
Yo hubiese querido entre nosotros
una mujer de larga cabellera e intensos ojos
-mecido el tallo de su hermosura por la fuerza sola de mi aliento-
castigando nuestro sentidos con un perfume de azahar y fuego
Hubiera…
Pero mira:
en el espacio que se extiende entre mis brazos y el límite del lecho
podría habitar un mar
Corazón:
peregrino incansable
¿a quién ofrecemos el tibio pan de nuestra música esta noche?
Sobre un oscuridad total
la lluvia ha ejecutado un concierto destellante
Ahora la luna quiere cantar con un arpa de húmedo zafiro
y un coro inmaculado de estrellas lejanas
¿Qué hemos de hacer?
Cuando el verso primero del plenilunio aletea en nuestra ventana
lloramos una vez más
-dichosamente-
como si aún vagabundeásemos
entre los huertos de la infancia
¿Qué ha sido de nosotros?
Hace un instante quisimos cantar
y hoy sacudimos nuestro cuerpo en este vals violentísimo de llanto
Estamos solos
-Corazón-
Más que nunca
Como cauces secos de turbulentos ríos
El agua amada ha partido
Su agitada y dulce presencia
no ha sido más que un sueño entre nosotros:
Lluvia de néctar
Carne de fruto
Alma de dulcísima azucena
Ojos de sarmiento y jade…
¿Por qué tan hondamente lamentar
la perdida de aquello que nunca se ha tenido?
Mas considera:
Corazón
Amigo:
Por un instante brevísimo
ella se hubo posado entre nosotros
Y hemos sido dichosos
Y hemos sido grandes
Y hemos sido puros…
(Y me responde el corazón:
“Duerme
-Daud-
Reposa
Dentro del arcón del día
se agitan ya los cantos de los pájaros
Hinca con rabia los dientes en la carne de la almohada
porque tras estas paredes tu madre duerme
y su sueño es ligero como brisa
y su alma delicada como la flor del ciruelo
Ahoga tu llanto salvaje en el aljibe del silencio
Daud:
¿Para qué arrojar al rostro del mundo
las flores sangrientas de tu dolor?”)
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