Suplica de un padre enfermo
Poema publicado el 02 de Mayo de 2010
Tú
Tejedor de flores
Teñidor de cielos
forjador de relámpagos
Tú
peinador de cabelleras de agua y plata
Pulidor de espejos nocturnos
donde el universo se mira
Escucha la súplica de un padre enfermo
Escucha mi palabra quemante
calcinando el jazmín del alma
en el jardín del pesar
Tú
Ánfora cuyo barro es belleza
cuya vino es verdad
cuyo torno música que embriaga
Escucha la súplica de un padre atribulado
de un hombre sacudido
por el vehemente batir de su propia sangre
Escúchame:
Yaciente
Con fuerza sólo para llorar
para estremecer el pecho
y crispar las manos
Escúchame:
Tú
Amo del crepúsculo sangriento y de la luna llameante
Te pido por mi hijo
Mi hijo:
pequeño y de singular belleza
como la flor del jazmín
Te pido por él
El de los ojos de gacela
y voz de minúscula plata
Te pido por él
Porque no teme besar la luz
porque no teme alcanzar estrellas
porque no teme andar sobre el agua
entonando la canción de su gracia
el himno de su risa y su felicidad
Protégele:
De chacales en la profunda noche de la juventud
De enconadas dagas destellando bajo abrazos fraternos
De serpientes y bestias en la intrincada senda hacia su propia alma
De forjadores de ilusiones
De tejedores de quimeras
De los soñadores de opio
Del fermento de la uva
y de sus oscuros y fervientes devotos
líbrale
E incúlcale:
sagrado respeto por una mirada indescriptible
Devoción ferviente
por almas floreciendo en su belleza
firmemente arraigadas a sus cuerpos fértiles
Enséñale
gratitud
por cada aliento
por todo fruto
por todo techo
por cada mano que toque
por cada boca que bese
por cada sueño en que viaje
por cada llanto que cese
por cada tromba que aclare
por cada olvido que vuelva
por cada verso que tiemble
por cada herida que sane
Llévale
a la semilla viva de la luz
Que en Tu nombre
coma, beba, duerma, ame y ande
Que en la casa de su corazón no haya icono excepto Tu rostro
Que su boca se endulce con la uva de Tu nombre
Que su mano no cargue más herramienta que Tu gracia
Y sea sólo nostalgia de Tu cuerpo su laúd
Otórgale:
el escudo de Tu revelación
la agudízima espada de la inspiración
el potro nobilísimo de la inteligencia
Tú:
Pastor de aves y manantiales
Arriero de los días y de las nubes
Escucha mi súplica
Escucha cuanto ruego
en temblorosas palabras
Cuanto mi corazón sangrante calla
y no puedo ya expresar
Te invoco por mi hijo
Te ruego por él
y me postro
y mis lágrimas besan el polvo
y mi boca gime sobre las mudas piedras
He de partir mañana
Y todo aquello que es el regocijo de mis ojos
ha de quedarse aquí
embelleciendo el mundo
que ante mi corazón se cierra
Sea bienvenido el día
bienvenida el alba
bienvenida la luz que yo no he de ver
Sólo cuanto en el corazón ha sido inscrito permanece
Tú
Cuyo jardín es de almas
Cuya más grata fuente de risas y suspiros
Cuando yo parta te pido por mi niño
Sea suave su pan
dulce su fruto
fresca su agua
tibio su lecho
siempre
La hogaza amarga
la uva agria
el techo roto
la boca seca
el pecho herido
dejadlos conmigo
si esa es Tu voluntad
Ya hiere mis tobillos el frío de la última aurora
Oh Luz que no muere
Oh Fruto de irisada y eterna alba
Cuando yo me vaya
Te pido sólo por mi hijo
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Poema publicado el 02 de Mayo de 2010
Tú
Tejedor de flores
Teñidor de cielos
forjador de relámpagos
Tú
peinador de cabelleras de agua y plata
Pulidor de espejos nocturnos
donde el universo se mira
Escucha la súplica de un padre enfermo
Escucha mi palabra quemante
calcinando el jazmín del alma
en el jardín del pesar
Tú
Ánfora cuyo barro es belleza
cuya vino es verdad
cuyo torno música que embriaga
Escucha la súplica de un padre atribulado
de un hombre sacudido
por el vehemente batir de su propia sangre
Escúchame:
Yaciente
Con fuerza sólo para llorar
para estremecer el pecho
y crispar las manos
Escúchame:
Tú
Amo del crepúsculo sangriento y de la luna llameante
Te pido por mi hijo
Mi hijo:
pequeño y de singular belleza
como la flor del jazmín
Te pido por él
El de los ojos de gacela
y voz de minúscula plata
Te pido por él
Porque no teme besar la luz
porque no teme alcanzar estrellas
porque no teme andar sobre el agua
entonando la canción de su gracia
el himno de su risa y su felicidad
Protégele:
De chacales en la profunda noche de la juventud
De enconadas dagas destellando bajo abrazos fraternos
De serpientes y bestias en la intrincada senda hacia su propia alma
De forjadores de ilusiones
De tejedores de quimeras
De los soñadores de opio
Del fermento de la uva
y de sus oscuros y fervientes devotos
líbrale
E incúlcale:
sagrado respeto por una mirada indescriptible
Devoción ferviente
por almas floreciendo en su belleza
firmemente arraigadas a sus cuerpos fértiles
Enséñale
gratitud
por cada aliento
por todo fruto
por todo techo
por cada mano que toque
por cada boca que bese
por cada sueño en que viaje
por cada llanto que cese
por cada tromba que aclare
por cada olvido que vuelva
por cada verso que tiemble
por cada herida que sane
Llévale
a la semilla viva de la luz
Que en Tu nombre
coma, beba, duerma, ame y ande
Que en la casa de su corazón no haya icono excepto Tu rostro
Que su boca se endulce con la uva de Tu nombre
Que su mano no cargue más herramienta que Tu gracia
Y sea sólo nostalgia de Tu cuerpo su laúd
Otórgale:
el escudo de Tu revelación
la agudízima espada de la inspiración
el potro nobilísimo de la inteligencia
Tú:
Pastor de aves y manantiales
Arriero de los días y de las nubes
Escucha mi súplica
Escucha cuanto ruego
en temblorosas palabras
Cuanto mi corazón sangrante calla
y no puedo ya expresar
Te invoco por mi hijo
Te ruego por él
y me postro
y mis lágrimas besan el polvo
y mi boca gime sobre las mudas piedras
He de partir mañana
Y todo aquello que es el regocijo de mis ojos
ha de quedarse aquí
embelleciendo el mundo
que ante mi corazón se cierra
Sea bienvenido el día
bienvenida el alba
bienvenida la luz que yo no he de ver
Sólo cuanto en el corazón ha sido inscrito permanece
Tú
Cuyo jardín es de almas
Cuya más grata fuente de risas y suspiros
Cuando yo parta te pido por mi niño
Sea suave su pan
dulce su fruto
fresca su agua
tibio su lecho
siempre
La hogaza amarga
la uva agria
el techo roto
la boca seca
el pecho herido
dejadlos conmigo
si esa es Tu voluntad
Ya hiere mis tobillos el frío de la última aurora
Oh Luz que no muere
Oh Fruto de irisada y eterna alba
Cuando yo me vaya
Te pido sólo por mi hijo
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