Pajaros domesticos
Laura, mi tía, reniega todas las tardes de su esposo. Me advierte que en unos días se irá de su casa porque no le gusta vivir mal. Yo le sonrío porque admiro que pueda escapar. Los peruanos que sintieron los escombros en sus espaldas querrían hacer lo mismo, pero saben perfectamente que cualquiera puede escapar, no de la tierra sino de un lugar de ella. Irak y el resto del mundo también querrían escapar. Después de la masacre llegan los gritos, los lamentos y al fin la resignación: somos de aquí y morimos aquí como pájaros.
Laura, mi tía, reniega todas las tardes de su esposo. Me advierte que en unos días se irá de su casa porque no le gusta vivir mal. Yo le sonrío porque admiro que pueda escapar. Los peruanos que sintieron los escombros en sus espaldas querrían hacer lo mismo, pero saben perfectamente que cualquiera puede escapar, no de la tierra sino de un lugar de ella. Irak y el resto del mundo también querrían escapar. Después de la masacre llegan los gritos, los lamentos y al fin la resignación: somos de aquí y morimos aquí como pájaros.