Cantos hinchados
I
Princesa de los montes áridos
flotas en el abismo
y yo caigo en la quijada del silencio.
En tu rostro lívido de cielo el sol se desbarranca,
truena el dios gélido en la aurora de Satán
y un escupitajo de sombras
estremece tus mejillas de bronce.
Mis garras de obsidiana se desmoronan
cada que cierras tus párpados
vaginas horizontales.
Pequeña escarpada, tiritas en el voladero y
En el firmamento nuestros dedos se astillan.
Mujer hidra, dulce veneno.
Mujer crótalo, hollín de sombras.
Mujer palabra, cabra y serpiente.
Sordina de alaridos,
dragona ciega con escamas de ángel,
me invades con ráfagas de demencia.
Mujer de soplos inocentes
y sonrisa de hoguera,
algún día me hundiré
en las profundidades
de tus pestañas.
II
Apaga los recuerdos
y el crepitar de heridas.
Cicatriza la felicidad.
Va de nuevo tu regalo:
Un caballo de perlas volando
en el canto brillante de los grillos.
III
Si te pienso bien,
soy un barco a la deriva.
si no te pienso,
eres rueda de carne imparable
en un mar de lunas
Si te pienso bien,
soy viento tejido
y pólvora hambrienta.
Si no te pienso,
eres un río de cometas
rugiendo en el otoño.
IV
Con el rigor de mi dodecafonía
y la mordacidad de tu historia.
justo en el umbral de nuestras pieles
olvidamos la electricidad
y nos convertimos en mito.
Nuestros cuerpos se desmoronan,
la luz nos esmerila
y las polillas ciegas
lentamente
carcomen nuestros nombres.
La escritura se pudre.
I
Princesa de los montes áridos
flotas en el abismo
y yo caigo en la quijada del silencio.
En tu rostro lívido de cielo el sol se desbarranca,
truena el dios gélido en la aurora de Satán
y un escupitajo de sombras
estremece tus mejillas de bronce.
Mis garras de obsidiana se desmoronan
cada que cierras tus párpados
vaginas horizontales.
Pequeña escarpada, tiritas en el voladero y
En el firmamento nuestros dedos se astillan.
Mujer hidra, dulce veneno.
Mujer crótalo, hollín de sombras.
Mujer palabra, cabra y serpiente.
Sordina de alaridos,
dragona ciega con escamas de ángel,
me invades con ráfagas de demencia.
Mujer de soplos inocentes
y sonrisa de hoguera,
algún día me hundiré
en las profundidades
de tus pestañas.
II
Apaga los recuerdos
y el crepitar de heridas.
Cicatriza la felicidad.
Va de nuevo tu regalo:
Un caballo de perlas volando
en el canto brillante de los grillos.
III
Si te pienso bien,
soy un barco a la deriva.
si no te pienso,
eres rueda de carne imparable
en un mar de lunas
Si te pienso bien,
soy viento tejido
y pólvora hambrienta.
Si no te pienso,
eres un río de cometas
rugiendo en el otoño.
IV
Con el rigor de mi dodecafonía
y la mordacidad de tu historia.
justo en el umbral de nuestras pieles
olvidamos la electricidad
y nos convertimos en mito.
Nuestros cuerpos se desmoronan,
la luz nos esmerila
y las polillas ciegas
lentamente
carcomen nuestros nombres.
La escritura se pudre.