Canto de apolo



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Canto de apolo
Noche terrenal, en tu exiguo fuego
me complací alguna vez
y descendí entre los mortales.
              
Y vi al hombre
inclinado sobre el regazo de la amada
escuchándose nacer,
y transformarse entregado a la tierra,
las manos juntas,
abrasados los ojos y la mente.
              
Yo amaba. Frías eran las manos
de la criatura nocturna:
otros terrores acogía en el vasto lecho
donde al alba me despertó
un aleteo de palomas.
              
Luego el viento depositó hojas
sobre su cuerpo inmóvil;
se alzaron sombrías las aguas en los mares.
              
Amor mío, yo aquí me aflijo
sin muerte, solo.