Oboe sumergido



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Oboe sumergido
Avara pena, tarda tu don
en esta mi hora
de suspirados abandonos.
              
Un oboe gélido deletrea de nuevo
alegría de hojas perennes,
no mías, y olvida;
              
en mí anochece:
el agua tramonta
en mis manos herbosas.
              
Alas oscilan en ronco cielo,
lábiles: el corazón transmigra
y yo estoy yermo,
              
y los días son escombros.