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Bajo tu sombra - Poemas de Sergio Jacobo



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Bajo tu sombra
Poema publicado el 23 de Octubre de 2009

… el himen lo rompió tu muerte

que llegó una tarde, sin quebranto,

-sin quejarse-  (entera)

Como un roble

resistiendo la furia.

de ese río.

Ahora pueden gemir mis huesos

y mi saliva,

y mi dedo derecho

y mi ojo ciego:

que te quise en el minuto

en que tu historia

fue truncada por la muerte…

creció entonces el amor

como la hierva

en un campo seco;

floreciendo

                      mi sexo  inútil  -entre la maleza-



Y tú estabas ahí,  sin hablar,  dormida,

estática bajo el murmullo

de mi voz entre cortada,

mientras una prima tuya

y tu madre lloraban.

Ante esa muerte corrí  -para anunciarlo-

Ahí estaban mi hermano, mi cuñada

            y tus hijos…

pero  vocee la noticia con los ojos llorosos

            y sin llanto.

Qué susurro de angustia se filtraba,

¿para qué despertarte amor mío?

El camino emprendiste y sin llamarme.

Mande todo al “carajo”…

y en el vino derroché mi pena,

¿por qué?

              ¿qué importancia le damos a la muerte?

Cuando un cuerpo nos deja

                  -nada sacude-

El tumbo del desastre se concilia

o callamos el amor        -por felonía-

pero tú te alejaste en la hondonada

como un pájaro herido

en los arbustos

y dejaste que Dios ya te encontrara,

¿pero yo…? ¿Dónde estoy yo?

Por eso no empero –otro amor- que no ha llegado

pero sí el adiós que te llevaste-.



Putas han pasado entre mis manos,

de senos firmes

y  glúteos apareados,

penetradas, consteladas, amándome  ¿no sé?

(por un instante)

                          Como el soplo quizá

                          que fue tu muerte.



Para poder explayar

que si te quise

o que tú me querías,

cuando encimabas tu piel

como una lava,

en el ardiente lecho

sin palabras.

…pudo ser la larva del destino

quien secó el horizonte

                                  de los tiempos,

de aquellos en que juntos anduvimos

por las calles cerradas y avenidas

por las tardes de viento

o mañanas soleadas y sentidas.



II

Pero la muerte abriga

y restituye el sosiego,

aquél que quedase ciego

-cual soledad que se obliga-

Pero la vida desliga

todo rencor y coraje

así,  nos viste de un traje

en el camino enlutado…

por eso estoy emputado

que este desierto me ultraje.



III



Todo esta igual, tu retrato,

tu voz entre las paredes

como un eco alejado

retumbante y, sordamente

se va metiendo en mis venas…

¡todo esta igual…! Me dejaste

pues la muerte me ganó

la que te acompaña ahora,

la que atraviesa la calle

acogida  de tu brazo,

la que te hace el amor

la que te habla al oído

y mientras tanto –no sé-

                          cómo te dejé partir.



El tiempo no se detuvo

siguió cavando aquél cauce

donde hoy corre mi sangre

desbordando mi coraje…

me quedé solo  -y qué-

sigo solo,

                    mi esqueleto,

agusanado tal vez

porque aún vivo  -esta ya muerto-



Me duele que no esté el viejo

con él mucho platiqué,

su pericia ante la vida

me fue abriendo muchas brechas

pero hoy, ni los atajos,

conocen algún sendero

para caminar…solo, solo, solo.



Pero tu muerte sí, supo,

abrirme un escondrijo,

donde lloro así mi pena,

donde me escondo

                      -me alejo-

Sé que tú no puedes verme

porque ese lugar secreto

esta muy dentro del pecho,

porque bombea tu recuerdo

apartándolo de adentro.



Por eso sé o por lo menos reconozco

que no puedo devolverte de la muerte

ni puedo  regalarte

ya mi vida;

tus cosas las conservo

(las  caricias tus besos)

Aunque no pueda devolverte de la muerte

a la muerte me encamino

sin medida…

sé bien que llegaré de nuevo a verte

tú estarás igual

yo, estaré viejo

y alegre de volver estar contigo;

nos encontraremos los dos en el infierno

porque la gloria

ni a ti  ni a mí ya nos depara.



Sin embargo mi vida es un infierno;

que me busquen

otro hangar cuando me muera,

mi destino es así

arrinconado,

olvidándome de todo entre los libros

ojeando mil poemas inconclusos,

caminar, caminar, caminar sin rumbo fijo…

esa es parte de mi vida

desde que tú te fuiste,

o compartir momentos con amigos

que distracción absurda

y mal sonante.

Simplemente acomodo las piezas del ajedrez

y no las muevo,

es estática mi vida sin mirarte

¡háblame amor…! Como el silbido

que produce el viento en la ventana,

porque la ceniza  que fue tu cuerpo

es: mi vacío

y, hasta el borde del dolor me he derramado.



Hay penas que se cobran en la vida

y yo estoy pagando… el malevaje

en mocedades, mujeres y el vino

y tú… no sé si sabes que te busco

y yo no sé si esperas encontrarme.





IV



….no puedo devolverte de la muerte

ni puedo regalarte ya, mi vida,

sí… lo mío se llama: despedida.

Ya  no pude al suplicio detenerte



(dolor,  de tu muerte que es mi muerte)

Coagula  silente ya mi herida

no encontrando este mal una salida

al presente infernal que ya se advierte.



Me deglute callada así tu ausencia

tu sombra me persigue, me acompaña,

en la noche me acosa pide audiencia



ese insomnio voraz que desengaña.

Porque tú no estás, es mi demencia,

mi  locura quizá  –que así me engaña-



V



Pero el mar. Aquél mar. En el inmenso oleaje de la tarde

de esa tarde abnegada

y

poca brisa…

en ese  exorbitante mar

allá  en Tecolutla Veracruz,

en ese taciturno momento en que mis hijos y yo

(nosotros  tu familia)

Lo que dejaste atrás, la que aún vive

y vive en tu recuerdo noche y día

y noche y día muere

por tu ausencia.



Nosotros los de entonces

lo que somos ahora

y queremos ser  -por el pasado-

que tantos ademanes fue dejando,  raíces de los arboles desgajados,

o tierra removida por los años,

nosotros, ojos sin lágrimas,

gemidos silenciosos

¡¿nosotros?!  En el asombro de esa tarde

colmados de tristeza

depositamos tus cenizas

sobre las olas de aquel mar

-ahí te dejamos-



Neptuno está feliz de recibirte

contento de tener otra  sirena,

y nosotros, cabizbajos y sin habla

y nosotros mirando tu retrato,

guardando sigilosos ya tu ropa,

nosotros los de ahora  -tu familia-

mutilados  por la falta de ti

por estar solos.



Ahora ya…dispersos no te miento

cada quién ha tomado su camino,

no sé si la muerte me avecina

pero sí, es la soledad

la que se arrima.

¡No puedo devolverte de la muerte

ni puedo  regalarte ya mi vida…!


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