Madrigal de paz



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Madrigal de paz

     

Por esta paz, esposa, que te ofrezco,
      ya madura en la sangre, hecha corteza,
      qué paciente tributo de tristeza
      pagué día por día...
            No merezco
      tanto dolor.
            (El hombre, entre las manos
      a veces tiene un corazón y quiere
      morir con él intacto. pero muere
      lleno de soledad.)

     

      Ecos lejanos
      traen mi voz antigua de metales;
      mi fría voz de hielos transparentes.
      Que hasta tu nombre, esposa, fue en mis dientes
      tallo de amargas hieles minerales...

     

Pero todo ya es campo sin orillas,
      lleno de paz. El sol se transfigura
      en la ceniza gris de esta clausura
      y abandona sus llamas amarillas.

     

Yo soy para ti, esposa, como un viento
      que humildemente llega y se deshace
      contra tus ojos: un agua que renace
      entre tus piedras, sin color ni acento.