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Lujuria - Poemas de David Noriega C.



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Categoría: Poemas de Amor
Lujuria
Poema publicado el 11 de Mayo de 2009

Este dulce deseo que penetra e invagina mi mente.
La pasión corre por tus venas... por las mías también.
Deseo probar tu excitante cuerpo,
estrecharte hasta ahogarte en mi aliento,
poseerte sin aplomo, sin mesura, sin retén.

Te deseo. No necesitas saber menos.
Tu piel me embriaga de locura,
despojándome de toda compostura,
arrastrándome en tu grato veneno.

No me detengo...
Deja que tu piel te vista primero... yo te vestiré después
con estas ansias desasosegadas,
con estas impacientes ganas,
con lo que traiga a tu merced.

No te detengas...
Déjate llevar por tu ardiente deseo,
disfruta de todo aquello que quieres.
Puedo respirar que en la emoción tienes
ese corazón que ya va a explotar.

Te tomaré con esta inmensa lujuria
que muere por poseer esa carne,
esta lujuria que me derrite y arde;
empezaré abriendo esta partitura.

Te siento. Me sientes.
Tócame y te haré placer.
Disfrútame y te tocaré.
Deja que el sxo nos consuma.

Hazte para mí, fúndete en mi sudor
que sólo trae hormonas que te pensaban.
Las imágenes que formaba y me formaban
de este momento donde te tengo a mi favor.

Mis manos te descubren y con ello te encuentro,
el éxtasis nos intranquiliza, no nos saciamos de nosotros;
así es la lujuria, un momento en el que el placer se queda corto,
el placer que no se compara con un ataque de frenetismo.
Bastardo, absurdo, tonto y torpe sentimentalismo.

Llénate de mi pasión. ¡Llénate de frenesí!
Bañémonos de la agitada respiración
y del delirio placentero que se hace para dos.

Revolquémonos en lo que sentimos;
hagamos de esta cama una dicha desesperada;
envuélveme en la gloria que te penetra.

Abraza esta juventud que tenemos,
Aférrate a mí antes de llegar a la cima
de este huracán de placeres que encima
de ti se mueve provocando estas delicias.

¡Entrégate! ¡Déjame probarte antes de tocar el paraíso!
¡Déjame tocarte antes...!

El clímax -que mutila este momento-
jamás supo tan bien.
Sigamos mientras la pasión no se topa
con ese turbio amor.
Sigamos mientras la lujuria no conoce
lo que el tiempo se lleva: nuestro verdor. 
Sigamos mientras una escultura es tu cuerpo
y tus caricias una flor.
Sigamos mientras la carne es fresca
y no conoce del hedor.

¡Qué bien sabe tu cuerpo invaginado en lujuria y pasión!


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