Donde se dice de los labios y el poeta es alcanzado por una dulce muerte
Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008
Cauces de la palabra, sembradores
de hielos o luciérnagas,
ya manantial altivo, ya planicie
frutal, enredadera
de muérdago y campana, antesala
de intrépidos galopes hacia siempre,
de plenilunios largos como nunca.
Mas sobre todo, cráter,
tierno cráter de luz que me sucumbe,
que entero me derrama hacia el olvido,
atalaya trigal, silbo del fuego,
vestÃbulo feraz del mediodÃa.
Quizás, tras de vosotros, una lluvia,
una lejana lluvia que amanece
recubierta de sueño,
como un musgo
que invitara a vivir lo no vivido,
pregonera de un tiempo inevitable
que en esta patria tiene su manida.
Entre cráter y musgo me desvelo:
una aldaba, una voz, un desafÃo.
No sé si me llamáis o soy quien llama
ni quién es tigre aquÃ, ni quién paloma,
pero el imán ejerce su mandato,
se hace viento la sangre, manifiestan
las ascuas su destino.
Lentamente me acerco:
ya os respiro,
ya soy,
ya casi nazco.
Si vosotros quisierais,
si quisieras...
Qué serena canción, qué profecÃa,
qué inmune realidad en vuestro cuenco
inagotable y mÃo.
Qué dulce muerte asÃ,
qué muerte ahora.
(De "Territorio del fuego")
Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008
Cauces de la palabra, sembradores
de hielos o luciérnagas,
ya manantial altivo, ya planicie
frutal, enredadera
de muérdago y campana, antesala
de intrépidos galopes hacia siempre,
de plenilunios largos como nunca.
Mas sobre todo, cráter,
tierno cráter de luz que me sucumbe,
que entero me derrama hacia el olvido,
atalaya trigal, silbo del fuego,
vestÃbulo feraz del mediodÃa.
Quizás, tras de vosotros, una lluvia,
una lejana lluvia que amanece
recubierta de sueño,
como un musgo
que invitara a vivir lo no vivido,
pregonera de un tiempo inevitable
que en esta patria tiene su manida.
Entre cráter y musgo me desvelo:
una aldaba, una voz, un desafÃo.
No sé si me llamáis o soy quien llama
ni quién es tigre aquÃ, ni quién paloma,
pero el imán ejerce su mandato,
se hace viento la sangre, manifiestan
las ascuas su destino.
Lentamente me acerco:
ya os respiro,
ya soy,
ya casi nazco.
Si vosotros quisierais,
si quisieras...
Qué serena canción, qué profecÃa,
qué inmune realidad en vuestro cuenco
inagotable y mÃo.
Qué dulce muerte asÃ,
qué muerte ahora.
(De "Territorio del fuego")
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