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Por si me lees - Poemas de Bren Da



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Categoría: Poemas de Amor
Por si me lees
Poema publicado el 13 de Mayo de 2021

Me propuse ser olvidada sin jamás olvidarte, tal vez irme a vivir lejos esperando contarte, tal vez te escriba mil cuentos esperando los leas, verte buscar letras mayúsculas como si de un amor prohibido se tratase.
Al final resulta que toda mi poesía suena incoherente, y de hecho no parece poesía. Yo quizás me dedique a juntarte flores, de cada lugar al que vaya; que crea que va a gustarte.
De que irás a todos lados irás, y quizás yo me estanque. Un poco entre recuerdos de besos frescos, un poco en recetas de cocina, un poco en tus piernas y tu mano suave, un poco entre tormentos; que tienen cara de no querer ir a ninguna otra parte.
Aquí, todo se quiere quedar aquí. Entre las paredes estas que parecieran que las habitaste poco, sobre la tierra en la cual me sostuviste una última vez con tu abrazo, en la madera esta que guarda tu pequeño pero fresco recuerdo de aquél día de tormentos.
Allí, en la casa que ya no es mía, y que nunca fue, pero de ser; fue nuestra. Donde encuentro tu risa en la cocina, y tu ayuda en los quehaceres, tu música en mi pieza y tus besos en mi cama. Las charlas en las noches y tu mirar por la ventana, tu escuchar atento y delicado a mis risas eufóricas por tus historias, mi alegría lejana habitando en esa alfombra; que por cierto ya no está. Te voy a contar por acá que no he vuelto a mi pieza, que la ropa sigue amontonada en la cama y tu caja del computador corona el desorden de recuerdos que están juntos bajo el olor nostálgico que se está formando entre tanto y tanto. Entro poco. Entro a buscar algo específico y salgo, a veces temo que me abrace la pena ahí dentro y no me suelte hasta que me tenga en su lecho llorando diario sin poder contenerme. No me miro tampoco en ese espejo. A veces pareciera que puedo verte detrás de mí a punto de envolverme en un abrazo. Tu ropa sigue ahí, la he lavado 3 veces para que tenga buen olor, y la doblo cada vez que voy, te juro que la tengo lista para enviártela, pero aun no reúno suficiente valor. A veces me pongo la polera de pájaros, tu favorita, y duermo con ella puesta. La lavo al otro día, la devuelvo a la pieza y la vuelvo a doblar. Te la voy a devolver, lo prometo; es ropa que sé que te gustaba. Aparte así tengo excusa de enviarte alguna carta escondida, con ganas de que la encuentres y a la vez no.
Allá, en la casa grande y vieja, donde compartimos llantos y también noches de miedos. Juegos de palabras que yo no quería acabar nunca y que tú debías parar. Sustos míos por los ruidos y tu valentía de incredulidad. Muchos tipos de encuentro que no puedo poner en palabras, o quizás no quiero por miedo a generar envidia en los demás. Y como nunca podía faltar; tu música detrás del patio, bajo los árboles prendidos en flor y sol de verano. Comidas menos producidas y viento fresco en las ventanas, canciones de a dos en la guitarra y también un par de siestas necesarias. Abrazos y más abrazos, que parecieran aún no soltarme, y unas duchas apuradas para salir rápido de viaje.
Es increíble cómo te encuentras en cada parte que vaya. Me gusta y me aterra que vivas en cada rincón de mi vida cotidiana. Me gusta la forma en que me gustaste y la forma en que habitaste. Me aterra como el llanto me busca en cada sitio, sin darme tregua, sin parar de hacerme ver a tu fantasma.
Ahora solo me queda buscar otros mapas, correr de las entrañas del amor que vivimos, correr de los recuerdos que me calcinan viva. Olvidar que fue mía alguna vez ésta vida. O entregarme a la locura, que cada vez pareciera ser más atractiva.


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