Te encontre...y te perdÃ.
Poema publicado el 12 de Junio de 2026
SÃ, te encontré
en esos amaneceres tibios
donde tu rostro florecÃa en mis párpados
como la primera luz que despierta la tierra.
Te encontré en el dÃa,
cuando eclipsabas al sol
y era tu imagen, suspendida en mi aire,
la claridad que encendÃa mi alma.
Te encontré en mi mente,
en el eco de tu risa
que se derramaba como música
llenando los rincones vacÃos de las horas sin ti,
convirtiéndose en refugio, en alivio, en aliento.
Te encontré también en la tormenta,
cuando tu rabia inundaba nuestros latidos
y el silencio â??lento, vorazâ??
devoraba cada palabra que no supimos salvar.
SÃ, te encontré
en tu ternura que era abrigo,
en tu pasión que ardÃa como fuego en invierno,
en esos besos infinitos
que, aunque repetidos, nacÃan siempre nuevos
como si el tiempo olvidara su propia memoria.
Cuánta felicidad caminó a mi lado entonces,
como un rÃo claro que no conoce la noche.
Creà que eras el todo,
el centro invisible de mi universo,
y miraba el mundo a través de tus ojos,
dejando que todo lo demás se disolviera
porque tú estabas conmigo.
Pero te perdÃâ?¦
y da risa, sÃ,
como rÃe el dolor cuando no encuentra consuelo.
Te perdÃ
y entonces comprendÃ
que la vida no era un prisma de colores,
que el mundo podÃa reducirse
al oscuro profundo de tu ausencia,
a la sombra persistente de tu recuerdo,
al vacÃo exacto donde antes habitabas.
Te perdÃ,
y las lágrimas no fueron suficientes
para reclamarle al destino su descuido,
para reprocharle el desgarro,
para reconstruir la forma quebrada del amor.
Te perdÃ
y la vida dejó de pronunciar mi nombre igual.
Te perdÃ
y mis pasos extraviaron su camino,
como si la tierra hubiese olvidado sostenerme.
Te perdÃâ?¦
y en cada rincón, en cada silencio, en cada latido,
todo â??inevitablementeâ??
terminaba llevándome de regreso a ti.
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Poema publicado el 12 de Junio de 2026
SÃ, te encontré
en esos amaneceres tibios
donde tu rostro florecÃa en mis párpados
como la primera luz que despierta la tierra.
Te encontré en el dÃa,
cuando eclipsabas al sol
y era tu imagen, suspendida en mi aire,
la claridad que encendÃa mi alma.
Te encontré en mi mente,
en el eco de tu risa
que se derramaba como música
llenando los rincones vacÃos de las horas sin ti,
convirtiéndose en refugio, en alivio, en aliento.
Te encontré también en la tormenta,
cuando tu rabia inundaba nuestros latidos
y el silencio â??lento, vorazâ??
devoraba cada palabra que no supimos salvar.
SÃ, te encontré
en tu ternura que era abrigo,
en tu pasión que ardÃa como fuego en invierno,
en esos besos infinitos
que, aunque repetidos, nacÃan siempre nuevos
como si el tiempo olvidara su propia memoria.
Cuánta felicidad caminó a mi lado entonces,
como un rÃo claro que no conoce la noche.
Creà que eras el todo,
el centro invisible de mi universo,
y miraba el mundo a través de tus ojos,
dejando que todo lo demás se disolviera
porque tú estabas conmigo.
Pero te perdÃâ?¦
y da risa, sÃ,
como rÃe el dolor cuando no encuentra consuelo.
Te perdÃ
y entonces comprendÃ
que la vida no era un prisma de colores,
que el mundo podÃa reducirse
al oscuro profundo de tu ausencia,
a la sombra persistente de tu recuerdo,
al vacÃo exacto donde antes habitabas.
Te perdÃ,
y las lágrimas no fueron suficientes
para reclamarle al destino su descuido,
para reprocharle el desgarro,
para reconstruir la forma quebrada del amor.
Te perdÃ
y la vida dejó de pronunciar mi nombre igual.
Te perdÃ
y mis pasos extraviaron su camino,
como si la tierra hubiese olvidado sostenerme.
Te perdÃâ?¦
y en cada rincón, en cada silencio, en cada latido,
todo â??inevitablementeâ??
terminaba llevándome de regreso a ti.
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