Madrigal
Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008
Palabra, dulce y triste persona pequeñita,
dulce y triste querida vieja, yo te acaricio,
anciano como tú, con la lengua marchita,
y con vejez y amor aclamo nuestro vicio.
Palabra, me acompañas, me das la mano, eres
maroma en la cintura cada vez que me hundo;
cuando te llamo veo que vienes, que me quieres,
que intentas construirme un mundo en este mundo.
Hormiguita, me sirvo de ti para vivir;
sin ti, mi vida yo no sé lo que serÃa,
algo como un sonido que no se puede oÃr
o una caja de fósforos requemada y vacÃa.
Eres una cerilla para mÃ, como ésa
que enciendo por la noche y con la luz que vierte
alcanzo a ir a la cama viendo un poco, como ésa;
sin ti, serÃa tan duro llegar hasta la muerte.
Pero te tengo, y cruzo contigo el dormitorio
desde la puerta niña hasta la cama anciana;
y, asÃ, tiene algo de pálpito mi puro velatorio
y mi noche algo tiene de tarde y de mañana.
Gracias sean para ti, gracias sean, mi hormiga,
ahora que a la mitad de la alcoba va el rÃo.
Después, el mar; tú y yo ahogando la fatiga,
alcanzando abrazados la fama del vacÃo.
Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008
Palabra, dulce y triste persona pequeñita,
dulce y triste querida vieja, yo te acaricio,
anciano como tú, con la lengua marchita,
y con vejez y amor aclamo nuestro vicio.
Palabra, me acompañas, me das la mano, eres
maroma en la cintura cada vez que me hundo;
cuando te llamo veo que vienes, que me quieres,
que intentas construirme un mundo en este mundo.
Hormiguita, me sirvo de ti para vivir;
sin ti, mi vida yo no sé lo que serÃa,
algo como un sonido que no se puede oÃr
o una caja de fósforos requemada y vacÃa.
Eres una cerilla para mÃ, como ésa
que enciendo por la noche y con la luz que vierte
alcanzo a ir a la cama viendo un poco, como ésa;
sin ti, serÃa tan duro llegar hasta la muerte.
Pero te tengo, y cruzo contigo el dormitorio
desde la puerta niña hasta la cama anciana;
y, asÃ, tiene algo de pálpito mi puro velatorio
y mi noche algo tiene de tarde y de mañana.
Gracias sean para ti, gracias sean, mi hormiga,
ahora que a la mitad de la alcoba va el rÃo.
Después, el mar; tú y yo ahogando la fatiga,
alcanzando abrazados la fama del vacÃo.
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Perdón
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