Los amantes
Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008
ParÃs, y esto es un dÃa del 59 en el aire.
Por lo visto es el mismo dÃa radiante desde entonces.
La primavera sabe lo que hace con sus besos. TodavÃa te busco
en ese taxi urgente, y el gentÃo. Está escrito que esta noche
dormiré con tu cuerpo largamente, y el tren interminable.
ParÃs, y éste es el fósforo de la maravilla violenta.
Todo es en el relámpago y ardemos sin parar desde el principio
en el hartazgo. Amémonos estos pobres minutos.
De trenes y más trenes y de aviones errantes nos cosieron los dioses,
y de barcos y barcos, esta red que nos une en lo terrestre.
ParÃs, y esto el oleaje de la eternidad de repente.
Allà nos despedimos para seguir volando. No te olvides
de escribirme. La pérdida de esta piel, de estas manos,
y esas ruedas terribles que te llevan tan lejos en la noche,
y este mundo que se abre debajo de nosotros para seguir naciendo.
ParÃs, y vamos juntos en el remolino gozoso
de esto que nace y nace con la revolución de cada dÃa.
A tus pétalos altos encomiendo la estrella del que viene en los meses de tu sangre,
y te dejo dormir en la sábana. Pongo mi mano en la hermosura
de tu preñez, y toco claramente el origen.
Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008
ParÃs, y esto es un dÃa del 59 en el aire.
Por lo visto es el mismo dÃa radiante desde entonces.
La primavera sabe lo que hace con sus besos. TodavÃa te busco
en ese taxi urgente, y el gentÃo. Está escrito que esta noche
dormiré con tu cuerpo largamente, y el tren interminable.
ParÃs, y éste es el fósforo de la maravilla violenta.
Todo es en el relámpago y ardemos sin parar desde el principio
en el hartazgo. Amémonos estos pobres minutos.
De trenes y más trenes y de aviones errantes nos cosieron los dioses,
y de barcos y barcos, esta red que nos une en lo terrestre.
ParÃs, y esto el oleaje de la eternidad de repente.
Allà nos despedimos para seguir volando. No te olvides
de escribirme. La pérdida de esta piel, de estas manos,
y esas ruedas terribles que te llevan tan lejos en la noche,
y este mundo que se abre debajo de nosotros para seguir naciendo.
ParÃs, y vamos juntos en el remolino gozoso
de esto que nace y nace con la revolución de cada dÃa.
A tus pétalos altos encomiendo la estrella del que viene en los meses de tu sangre,
y te dejo dormir en la sábana. Pongo mi mano en la hermosura
de tu preñez, y toco claramente el origen.
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Poemas de San ValentÃn o
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Religiosos
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