Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008
De mis niñeces
Siendo yo niño tierno,
con la niña Dorila
me andaba por la selva
cogiendo florecillas,
de que alegres guirnaldas
con gracia peregrina,
para ambos coronarnos,
su mano disponÃa.
Asà en niñeces tales
de juegos y delicias
pasábamos felices
las horas y los dÃas.
Con ellos poco a poco
la edad corrió de prisa,
y fue de la inocencia
saltando la malicia.
Yo no sé; mas al verme
Dorila se reÃa,
ya mà de sólo hablarla
también me daba risa.
Luego al darle las flores
el pecho me latÃa,
y al ella coronarme
quedábase embebida.
Una tarde tras esto
vimos dos tortolitas,
que con trémulos picos
se halagaban amigas
y de gozo y deleite,
cola y alas caÃdas,
centellantes sus ojos,
desmayadas gemÃan.
Alentónos su ejemplo,
y entre honestas caricias
nos contamos turbados
nuestras dulces fatigas;
y en un punto cual sombra
voló de nuestra vista
la niñez, mas en torno
nos dio el Amor sus dichas...
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