Paradoja
Poema publicado el 11 de Septiembre de 2010
Como haré para descifrar este enigma, para responder a mis preguntas más repudiables, aquellas que omito siempre, quedan postergadas.
Se me esta yendo el tiempo, me acerco a un mundo nuevo, lleno de ranuras, colmado de hojas en blanco. Y aun no he podido encontrar la respuesta justa, a mi pregunta mas temida.
Allí, afuera, aun están esas calles embrujadas, esos sitios extenuados de recuerdos que ya no morirán. Mi miedo es justo, fui un esclavo, de los más destacados. Una odiosa bestia sin espejos. Tempestades de polvo, nubes bajas. Fuego; pasiones abrasadas. Siendo victimario de mí ser, saboreando un ágape inusual y mortal. Aun lo extraño, y me siento abatido; relucen en mi mente los recuerdos del banquete, esas noches frescas, previas, llenas de ansiedad, ciega y silenciosa.
Pero nada de eso existe, todo aquello ya ha pasado, fue la carne de una pesadilla, pero el deseo, inusualmente, me tienta.
Hoy sigo esperando cicatrizarme de aquellos venenos, que ahora me hacen melancólico, inusitadamente los extraño. Pero no a sus sabores, sino a sus recipientes, no a ellos en si, sino a los árboles que observaban, la noche, la mesa, el plato, el fuego... el ritual.
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Poema publicado el 11 de Septiembre de 2010
Como haré para descifrar este enigma, para responder a mis preguntas más repudiables, aquellas que omito siempre, quedan postergadas.
Se me esta yendo el tiempo, me acerco a un mundo nuevo, lleno de ranuras, colmado de hojas en blanco. Y aun no he podido encontrar la respuesta justa, a mi pregunta mas temida.
Allí, afuera, aun están esas calles embrujadas, esos sitios extenuados de recuerdos que ya no morirán. Mi miedo es justo, fui un esclavo, de los más destacados. Una odiosa bestia sin espejos. Tempestades de polvo, nubes bajas. Fuego; pasiones abrasadas. Siendo victimario de mí ser, saboreando un ágape inusual y mortal. Aun lo extraño, y me siento abatido; relucen en mi mente los recuerdos del banquete, esas noches frescas, previas, llenas de ansiedad, ciega y silenciosa.
Pero nada de eso existe, todo aquello ya ha pasado, fue la carne de una pesadilla, pero el deseo, inusualmente, me tienta.
Hoy sigo esperando cicatrizarme de aquellos venenos, que ahora me hacen melancólico, inusitadamente los extraño. Pero no a sus sabores, sino a sus recipientes, no a ellos en si, sino a los árboles que observaban, la noche, la mesa, el plato, el fuego... el ritual.
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