No es mi aÑo, alguien te tiene
Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008
No es en mi año. Alguien te tiene,
no es en mi daño. Y sin embargo
me daña en la duda lo que fuiste;
y asà me acostumbro, y lo soporto,
y hasta parece que me place.
Ya sin despensas de futuro,
mutilado soy por mis desechos.
Y alegre de no vivir un dÃa
más, me complazco porque ahora
estoy vivo. Me rasco, duermo.
De nada te vale, que, emboscado,
me chupe la hiel, y en copa de oro,
el veneno aquel que me serviste:
se me va olvidando ya el propósito
de recordarte, y ya me extraña
el haber sido quien te quiso.
Pero no sé qué me habrás dado
que me ardo de filos y herrumbres;
que anda curtido y enchilado
por aquà mi corazón, y llora.
Tan exigente en mÃ, tan áspera
sigues de tiránicos abrojos.
Aunque me emborracho por perderte
o me atiborro de estar hueco
de ti, para encontrar quién eras.
Uñas para rascarme alargo
insuficientes; y estos huesos,
ya sin su vestido, se me salen
y te los mando, y en tu almohada
los dientes pela, ojos redondos,
otra calavera que es la mÃa.
Y habrán germinado qué semillas;
cuánta mala hierba habrá crecido
que, hendido sus sÃlabas vetustas,
hace que salten mis palabras:
losas de pavimento rotas
en la ciudad que fue del canto.
Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008
No es en mi año. Alguien te tiene,
no es en mi daño. Y sin embargo
me daña en la duda lo que fuiste;
y asà me acostumbro, y lo soporto,
y hasta parece que me place.
Ya sin despensas de futuro,
mutilado soy por mis desechos.
Y alegre de no vivir un dÃa
más, me complazco porque ahora
estoy vivo. Me rasco, duermo.
De nada te vale, que, emboscado,
me chupe la hiel, y en copa de oro,
el veneno aquel que me serviste:
se me va olvidando ya el propósito
de recordarte, y ya me extraña
el haber sido quien te quiso.
Pero no sé qué me habrás dado
que me ardo de filos y herrumbres;
que anda curtido y enchilado
por aquà mi corazón, y llora.
Tan exigente en mÃ, tan áspera
sigues de tiránicos abrojos.
Aunque me emborracho por perderte
o me atiborro de estar hueco
de ti, para encontrar quién eras.
Uñas para rascarme alargo
insuficientes; y estos huesos,
ya sin su vestido, se me salen
y te los mando, y en tu almohada
los dientes pela, ojos redondos,
otra calavera que es la mÃa.
Y habrán germinado qué semillas;
cuánta mala hierba habrá crecido
que, hendido sus sÃlabas vetustas,
hace que salten mis palabras:
losas de pavimento rotas
en la ciudad que fue del canto.
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Poemas de San ValentÃn o
DÃa de los Enamorados
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Poemas del DÃa de las Madres
Poemas del DÃa de los Padres
Poemas de Navidad
Poemas de Halloween
Infantiles
Perdón
Religiosos
Tristeza y Dolor
Desamor
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