Hora ciega
Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008
Quisiera abrir mis venas bajos los durazneros,
en aquel distraÃdo verano de mi boca.
Quisiera abrir mis venas para buscar tus rastros,
lenta rueda comida por agrias amapolas.
Yo te ignoraba fina colmena vigilante.
RÃo de mariposas naciendo en mi cintura.
Y apartaba las yemas, el temblor de los álamos,
y el viento que venÃa con máscara de uvas.
Yo no quise borrarme cuando no te miraba
pero me sostenÃas, fresca mano de olivo.
Estrella navegante no pude ver tu borda
pero me atravesaste como a un mar distraÃdo.
Ahora te descubro, tan herido extranjero,
paraÃso cortado, esfera de mi sangre.
Una hierba de hierro me atraviesa la cara...
sólo ahora mis ojos desheredados se abren.
Ahora que no puedo derruir tu frontera
debajo de mi frente, detrás de mis palabras.
Tocar mi vieja sombra poblada de azahares,
mi ciego corazón perdido en la manzana.
Ahora estoy despierto. Nacen al fin mis ojos
pisados por el humo, agujereando arañas,
duros estratos de algas con muertos veladores
que sin cesar devoran sus raicillas heladas.
Y te cruzo despierto, fiero túnel de ortigas,
remolino de espadas, vómito de la muerte.
Voy asido a las crines de un caballo espinoso
que vuela con ciudades quemadas en el vientre.
Voy despierto, despierto y obediente a mis manos,
con un rÃo de pólvora cuajado en el aliento,
ahora que estoy solo y enemigo del aire,
seco, desarraigado, desnudo, combatiendo.
Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008
Quisiera abrir mis venas bajos los durazneros,
en aquel distraÃdo verano de mi boca.
Quisiera abrir mis venas para buscar tus rastros,
lenta rueda comida por agrias amapolas.
Yo te ignoraba fina colmena vigilante.
RÃo de mariposas naciendo en mi cintura.
Y apartaba las yemas, el temblor de los álamos,
y el viento que venÃa con máscara de uvas.
Yo no quise borrarme cuando no te miraba
pero me sostenÃas, fresca mano de olivo.
Estrella navegante no pude ver tu borda
pero me atravesaste como a un mar distraÃdo.
Ahora te descubro, tan herido extranjero,
paraÃso cortado, esfera de mi sangre.
Una hierba de hierro me atraviesa la cara...
sólo ahora mis ojos desheredados se abren.
Ahora que no puedo derruir tu frontera
debajo de mi frente, detrás de mis palabras.
Tocar mi vieja sombra poblada de azahares,
mi ciego corazón perdido en la manzana.
Ahora estoy despierto. Nacen al fin mis ojos
pisados por el humo, agujereando arañas,
duros estratos de algas con muertos veladores
que sin cesar devoran sus raicillas heladas.
Y te cruzo despierto, fiero túnel de ortigas,
remolino de espadas, vómito de la muerte.
Voy asido a las crines de un caballo espinoso
que vuela con ciudades quemadas en el vientre.
Voy despierto, despierto y obediente a mis manos,
con un rÃo de pólvora cuajado en el aliento,
ahora que estoy solo y enemigo del aire,
seco, desarraigado, desnudo, combatiendo.
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