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El mujeriego - Poemas de Vicente Gallego



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El mujeriego
Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008

A Felipe Benítez Reyes
              
Demás de esto conviene guardar con diligencia todos los sentidos, mayormente los      ojos, de ver cosas que te pueden causar peligro. Porque muchas veces mira el hombre      sencillamente, y por la sola vista queda el ánima herida. Y porque el mirar      inconsideradamente las mujeres, o inclina o ablanda la constancia del que las mira (.. .)      Huye, pues, toda sospechosa compañía de mujeres, porque verlas daña los corazones;      oírlas, los atrae; hablarles, los inflama; tocarlas, los estimula, y, finalmente, todo lo      de ellas es lazo para los que tratan con ellas.

FRAY LUIS DE GRANADA (Guía de pecadores)

              
He amado a las mujeres, y debo confesar
que en muchas ocasiones
con ellas yo pequé de pensamiento,               
palabra y omisión, pues con el tacto
he librado tan sólo las batallas corrientes,
-y alguna escaramuza, a qué mentir,
de muy dudoso gusto y gloria escasa-,
pero mi amor más fiel, el verdadero,
el que nunca me aburre, el que termina
amenazando un día mi constancia,
es siempre esa mujer, esa desconocida
de la que habla un amigo en un poema,
y que tantos dejamos, por desidia,
porque vamos con otra o por vergüenza,
pasar siempre de largo,
tan diferente siempre y siempre hermosa.
Y cuando alguna vez nos acercamos,
vencidos los temores, con qué prisa
su nombre cambia, baja y se concreta,
toma su rostro forma exacta, olvidan
muy pronto nuestros ojos su misterio,
pues la mano lo toca, y se deshace.
              
He amado a las mujeres, todavía las amo,
y sufro mucho al verlas alejarse,
espléndidas y ajenas, con sus hijos
de la mano, o aún con uniforme,
casi niñas -la nuca entre sudada
y el olor a colonia tras los juegos-,
o adolescentes casi, en esa edad
en que duermen inquietas si es verano.
Y todas con olores que nos hacen soñar,
en su belleza crueles, pues sólo esos olores,
extraños y envolventes,
al cabo han de dejar, si pasan cerca,
como un camino abierto en nuestras vidas.
Pero fui terco en el amor de algunas,
y es difícil así frecuentarlas a todas.
              
He amado a las mujeres, y por ellas sospecho
que quisiera perderme,
si tuviera dinero, y ayudaran un poco.
              
De "Los ojos del extraño" 1990




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