Henry james
Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008
De mis postreras deducciones llego a pensar que este escritor mantuvo -durante mucho tiempo- una compensación onÃrica.
Parece ser que todo sucedÃa de la siguiente forma: a los pocos minutos de entrado en la Caverna, y con operaciones envidiables, muy extrañas, de pulgares cruzados,
chasquidos de la lengua, silbos desacordados, el fulgor permanente de una lámpara azul,
se presentaban en la estancia unos cuantos sujetos -protagonistas de los hechos-, bien adiestrados para aquello por embozados de tradición.
En los últimos años, por lo menos, las imágenes fueron siempre las mismas (y también
el lugar de la escena): un pájaro ideado, con el plumaje al viento, reconstruido en cera,
plástico y cartón, hermosÃsimo objeto de cuyo resplandor la habitación súbitamente se encendÃa; un hombre deformado, con la cara rayada y ostensible carencia de curvas,
cualquier ángulo, cabello, ojo izquierdo y palabras ( sin vestido adecuado, torpemente aliñado, y sin dientes, sentado en una tabla, difÃcilmente habituado al fluido carnal
de aquella casa); y -por si elegir fuera ya fácil- una tercera instancia, la de la reflexión
ajena a la belleza, que suscitaba una forma débil y cenicienta, unas tablas de ley, plumas pintadas, restos de muebles que sostuvieron una preciosa culpa, los polvitos de magia
que ya no cambian nada.
Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008
De mis postreras deducciones llego a pensar que este escritor mantuvo -durante mucho tiempo- una compensación onÃrica.
Parece ser que todo sucedÃa de la siguiente forma: a los pocos minutos de entrado en la Caverna, y con operaciones envidiables, muy extrañas, de pulgares cruzados,
chasquidos de la lengua, silbos desacordados, el fulgor permanente de una lámpara azul,
se presentaban en la estancia unos cuantos sujetos -protagonistas de los hechos-, bien adiestrados para aquello por embozados de tradición.
En los últimos años, por lo menos, las imágenes fueron siempre las mismas (y también
el lugar de la escena): un pájaro ideado, con el plumaje al viento, reconstruido en cera,
plástico y cartón, hermosÃsimo objeto de cuyo resplandor la habitación súbitamente se encendÃa; un hombre deformado, con la cara rayada y ostensible carencia de curvas,
cualquier ángulo, cabello, ojo izquierdo y palabras ( sin vestido adecuado, torpemente aliñado, y sin dientes, sentado en una tabla, difÃcilmente habituado al fluido carnal
de aquella casa); y -por si elegir fuera ya fácil- una tercera instancia, la de la reflexión
ajena a la belleza, que suscitaba una forma débil y cenicienta, unas tablas de ley, plumas pintadas, restos de muebles que sostuvieron una preciosa culpa, los polvitos de magia
que ya no cambian nada.
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Poemas de San ValentÃn o
DÃa de los Enamorados
Poemas del DÃa de la Mujer
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Poemas del DÃa de los Padres
Poemas de Navidad
Poemas de Halloween
Infantiles
Perdón
Religiosos
Tristeza y Dolor
Desamor
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