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Testamento a la humanidad - Poemas de Cristian Cuellar



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Testamento a la humanidad
Poema publicado el 05 de Octubre de 2011

Han ustedes enterrado los sepulcros,
y encadenado los escritos de la muerte.
¿Morirán los pecados? ¿Huirán los valientes?
Si en pecado mortal, tan solo unos
han podido engañar la luz de la estrella del día.
Pero, muchos no han de salir del vientre
A contar siquiera el asco que es la vida
Cuando se allanan las montañas en que descienden
las almas de las rosas como comas añadidas
a un verso que se esfuma y muere sin ayuda.
Que sale de la nada a desmentir lo que se miente.
Han acribillado ustedes al pensamiento
y a la milenaria tradición sexual.
Emanados en dos personas sus sentimientos,
avalentados al haber timado tal ritual.
El mundo crece, el amor en tanto,
desperdiciado en sí, es cadena suicida.
Ven, tráete una silla y siéntate conmigo
y así comprenderás - yo os digo amigo mío -
conjeturas como esta. Mas no sabría
exponer la muerte en magnifico agobio.
Mas si te diré que de pie, en mi dormitorio,
vigilando, estuvo ayer. ¿Yo?, yo solo dormía.
Dormía y soñaba, soñaba que vivía
entre mares sin piratas ni ladrones
de tesoros metafísicos, ni presura
desbordante de desdén, amén de un error.
Mesuras desviadas del camino a la lujuria.

Está bien, el sxo está bien.
Pero, el hombre, oh, estoy cansado
de sus poteterías, asfixiado del engaño,
el amor moderno es amarga miel,
empalagan la garganta, sus mentiras.
Entre tanto, se reza por el alma
que pecadora ha mordido la manzana,
la historia se repite: los vivos mueren
ensangrentando las calles del mañana
del alba de luz eterna, muerta eternamente;
Longeva angustia del averno que se siente.
Y no, no importaba, decían los humanos, morir.
Solo poder su cuerpo entero estar
y alma absuelta en paz encontrar,
el día en que muera con ella junto a mí.
Y se resumía el amor en agobios y días sin descansar
de penumbras casi sin fin,
que cuando este llegaba, de algo me llegaba a enamorar.
Quizás del significado de mi vida que fue así.
Cuatro o más años que espere
hasta el día de hoy por fin sus labios toque.
Y el tiempo comienza de nuevo,
a contar uno por uno los segundos
mientras se seca este desierto mundo
en que no pude ver el amor, y a quien aun no veo.
Me cobran los errores partes de mi
que aunque no quiera aceptar
esta casi eterna y dura realidad.
Del infierno creo que no podre salir.
Me siento confundido, al dejar plasmado
este testamento a la humanidad,
hoy el día de mi muerte,  el día en que nací
me he hecho el hombre más fuerte y tengo que morir.
Y entonces me pregunto sin permuto alguno
¿Por qué o por quien he de seguir
de pie hasta la muerte y jamás de rodillas
mientras este vivo?
y veo el rostro de mi madre, así te digo amigo mío
que me vi tan débil ante ella
cuando el pensamiento más vil me había cruzado la cabeza,
y era el de rendirme, que me jodiera lo maldito.
Cansado de luchar por el bien de todos.
Y observando el mundo que muere cada día
con más violencia a sangre fría.
Me rindo – dije – y vi el rostro de mi madre.
No pude, no pude y me levante y luche
casi sin ganas ni siquiera de saber cuál era mi fin
luche aun así,  y la victoria conseguí.
¿Sobre quién o qué? No sé.
Solo se que gane. Solo sé que mate,
solo se que ame, y hoy a mi fin llegue.


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