Dormido en la yerba



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Dormido en la yerba
Todos vienen a darme consejo.
Yo estoy dormido junto a un pozo.               

Todos se acercan y me dicen:
-La vida se te va,
y tú te tiendes en la yerba,              
bajo la luz más tenue del crepúsculo,
atento solamente
a mirar cómo nace               
el temblor del lucero
o el pequeño rumor
del agua, entre los árboles.               

Y tú te tiendes sobre la yerba:
cuando ya tus cabellos
comienzan a sentir               
más cerca y fríos que nunca,
la caricia y el beso
de la mano constante               
y sueño de la luna.

Y tú te tiendes sobre la yerba:
cuando apenas si puedes               
sentir en tu costado
el húmedo calor
del grano que germina               
y el amargo crujir
de la rosa muerta.

Y tú te tiendes sobre la yerba:              
cuando apenas si el viento
contiene su rigor,
al mirar en ruina               
los muros de tu espalda,
y, el sol, ni se detiene
a levantar tu sangre del silencio.-               

Todos se acercan y me dicen:
-Tú duermes en la tierra
y tu corazón sangra               
y sangra, gota a gota
ya sin dolor, encima de tu sueño,
como en lo más oscuro del jardín, en la noche,               
ya sin olor, se muere la violeta.-
Todos vienen a darme consejo.               
Yo estoy dormido junto a un pozo.

Sólo, si algún amigo mío               
se acerca, y, sin pregunta
me da un abrazo entre las sombras:               
lo llevo hasta asomarnos
al borde, juntos, del abismo,
y, en sus profundas aguas,               
ver llorar a la luna y su reflejo,
que más tarde ha de hundirse               
como piedra de oro,
bajo el otoño frío de la muerte.