Otoño en la distancia
Llega septiembre y se apagan las voces.
Regreso a mi Habana aún respirándote.
Regresa mi vida y me invade de nuevo
y continúo aún aferrado a tí,
que permaneces en mí.
Te haces necesaria, imprescindible y real como la distancia.
Y la distancia se acorta apenas minutos diarios,
y le agradezco el tiempo a A. G. Bell
mientras te pienso y te escucho y te recuerdo
durmiendo en mi hombro aquella madrugada.
Y me invades por dentro a la par que mi vida
y te acepto gustoso compartiendo tus miedos
y quisiera tocarte, quisiera abrazarte,
besarte despacio, y susurrarte al oído
¡Pero estás tan lejos! En tu suave comarca de pastores y sombreros
y llanos interminables y yo, por primera vez
preso en mi Habana.
Llega septiembre y se apagan las voces.
Regreso a mi Habana aún respirándote.
Regresa mi vida y me invade de nuevo
y continúo aún aferrado a tí,
que permaneces en mí.
Te haces necesaria, imprescindible y real como la distancia.
Y la distancia se acorta apenas minutos diarios,
y le agradezco el tiempo a A. G. Bell
mientras te pienso y te escucho y te recuerdo
durmiendo en mi hombro aquella madrugada.
Y me invades por dentro a la par que mi vida
y te acepto gustoso compartiendo tus miedos
y quisiera tocarte, quisiera abrazarte,
besarte despacio, y susurrarte al oído
¡Pero estás tan lejos! En tu suave comarca de pastores y sombreros
y llanos interminables y yo, por primera vez
preso en mi Habana.
