Carmen de la eterna vida



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Carmen de la eterna vida
       

Miraba yo las rosas penando de alegría,
solas entre mis manos, atónitas, perdidas.

              

Miraba antes las rosas. Quería tener,      tenerlas.
Quería querer. Quería. Mas la forma no sueña.

              

Yo canté entre los chopos. Y contra el      sol poniente
vi florecer los ramos de luz dorada y verde.

              

Y besé el agua, el cielo. Me trasfundí,      fui todo.
Pero en la cima, siempre, sentí que estaba solo.

              

( Queremos lo infinito. Nos duele lo que      escapa,
aunque entre luz y rosas sintamos fluir el alma.

              

Sólo es cual si cesara la corriente del      tiempo
con otro tiempo humano. Tú y yo, remanso eterno. )

              

Felicidad contigo. Nos viven y sustentan
en lo hondo de la noche las eternas estrellas.

              

¡Felicidad! Tendremos, alba de cada      día,
nuestro infinito en rosas desnudas. Nuestra vida.