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Carmina burana - Poemas de Gabriel Marco



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Categoría: Poemas de Amor
Carmina burana
Poema publicado el 11 de Marzo de 2011


CARMINA BURANA

                                                    Para Cheté Cavagliato y Santiago, que me regalaron las entradas

Solo, cruzo el puente.
El río lleva mucha basura.

Si me arrojara del puente
la corriente me arrastraría varios kilómetros.

¡Oh río que divides la ciudad,
no es la primera vez que nos vemos!

La última vez también hacía calor.
Tus opacos cristales me incitaban al olvido.

La ciudad lloraba. Turbia…

Regreso a casa.
La mujer que amo me desprecia.

No sabe de la terrible demanda
de la Naturaleza por estos días.

Es muy difícil ser un cristiano
hecho y derecho últimamente.

(Pero yo soy un librepensador etcétera.)

Vengo de ver Carmina Burana, de Carl Orff.
No sé nada de ópera, pero me gustó.


Sobre todo el principio y el final,
donde se maldice a la Rueda de la Fortuna. 

Además, el buenito de Carl
con la excusa del arte
nos estuvo incitando casi toda la obra
a copular todos contra todos.

Los pequeños burgueses
no podían creer lo que se leía en la pantalla digital.

Se lo estaban diciendo, aunque en latín medieval,
a sus respectivas esposas e hijas.

El resto de la población escuchaba el partido.

Por mi parte, me había vestido de negro.
(Antes de entrar adquiero una barrita de cereales en un kiosco.)

Había echado todo a perder unas horas antes, una fatalidad
que se encuentra en mi carácter había frustrado la cita, como tantas veces.

Resulta que había llamado a Flora 
una cantidad exagerada de veces.

(Tal vez mi empecinamiento fue la causa de sus cavilaciones.)

Una cena, aunque atentara directamente contra mi presupuesto,
hubiera sido una propuesta mejor.

O ir de shopping. 

De todos modos, era verdad que ella estaba algo convaleciente.
No había pasado una hora desde que la invité
cuando, ofendido, volví a telefonear
para retirar la invitación.

Ella aceptó.

¿Cómo pasó de ser una opción decorosa para un día domingo
a una condena, sutilmente tramada, invisible a los ojos humanos?

El gigantesco Teatro: una cárcel con decorados. 
La Orquesta Sinfónica, el Ballet y el Coro Polifónico: macabros artefactos de tortura. 

Entrampado, añoré desde la platea los palcos…
Por supuesto, me vanaglorié de mi desdicha.

Toda la pompa del espectáculo fue un atributo de mi soledad.



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