Son diurno



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Son diurno
Ahora que ya tu calidad es ardiente y dura,
como el órgano que se rodea de un fuego               
húmedo y redondo hasta el amanecer
y hasta un ancho volumen de fuego respetado.               

Ahora que tu voz no es la importuna caricia
que presume o desordena la fijeza de un estío               
reclinado en la hoja breve y difícil
o en un sueño que la memoria feliz               
combaba exactamente en sus recuerdos,
en sus últimas, playas desoídas.               

¿Dónde está lo que tu mano prevenía
y tu respiración aconsejaba?               
Huida en sus desdenes calcinados
son ya otra concha,
otra palabra de difícil sombra.               
Una oscuridad suave pervierte
aquella luna prolongada en sesgo               
de la gaviota y de la línea errante.

Ya en tus oídos y en sus golpes duros               
golpea de nuevo una larga playa
que va a sus recuerdos y a la feliz               
cita de Apolo y la memoria mustia.
Una memoria que enconaba el fuego               
y respetaba el festón de las hojas al nombrarlas
el discurso del fuego acariciado.