En la noche risueña del destierro, libre ya de la ley y del instinto, un charco de agua clara me detuvo. mojo el dedo cordial trazando un círculo y su humedad al paladar le encasca.



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En la noche risueña del destierro, libre ya de la ley y del instinto, un charco de agua clara me detuvo. mojo el dedo cordial trazando un círculo y su humedad al paladar le encasca.
       

2
              Llora, porque toda mirada entraña      error.
Mas los andrajos, horca, palio y cruz no morián por este llanto. Mejor, fulgir
a solas y rezar en balde. ¿Como el topo? Así; dueño de la penumbra y de su               
asfixia.
Hablando por hablar. A ciegas. Ojo del corazón, quema el paisaje.
              
3
Persistente, la rosa. Esclavos somos de raíz. Rosa      hedionda, zozobra y
estupor de la mordaz melancolía.
A la fosa nasal llama la Historia con sus inciensos categóricos. Corre el               
verso al runrrún del sacrificio, de mar a mar y seductor.
¡Musa servil! Sobre tu altar, un huracán de esperma.

              

              4
El sordo dios: la carcajada inmóvil.
Murmullo de otra luz será tu fe. Aléjate de la espresión forzada o del silencio      amilanado. Oye tan sólo la armonía neutra de lo indeciso e indomable. Deja abierta la      puerta más sumisa.
Esa ignorancia zumbará en tu oreja. Fraternalmente.

              

5
              Si la mano va y pierde la cabeza y, en un      doble ademán de supresión,
rompe la flecha y borra el blanco, ciérrase luego sobre el gran reloj, sangra y se
ofrece al vilipendio abyecto, nada esperes que iguale esta pasión, Teoría.
A todo lo dás diles que bueno.