3 votos
1 visitas/día
3749 dias online

NabÍ (fragmento) - Poemas de Josep Carner



Poemas » josep carner » nabi (fragmento)




NabÍ (fragmento)
Poema publicado el 10 de Noviembre de 2008

Todo era en el mundo comienzo y juventud.
La mar espejaba para un laúd tan sólo.
Un torrente de oro se vertía en la mar.
En una cala, junto a un pino, negra garganta
me había arrojado a la playa.
Olí a sal y a retama.
Brillaba al sol un hombre, en la colina,
e iba a tumbarse debajo de una higuera.
De una choza ascendía un hilillo de humo.
-Aquí -dije- me quedaría,
como la piedra y el árbol. -Pero se oyó la Voz:
-Ve a la resplandeciente Nínive, Jonás, parte en seguida;
juntos, tu llegarás y Yo hablaré.
              
Me levanté. El ardor de la roca,
la fragancia del pino me ignoraron.
Toda mi relación con ellos se desvanecía,
como si ya me hubiese despedido.
El mar azul perdía su embeleso;
una nube volvióse, dándome la espalda;
sentía al aire impacientarse
y la mota de polvo, -Ve- me decía.
Y en aquel punto fui
como picado por escorpión divino:
me sorprendió, agarrándome con fuerza;
me hizo suyo,
espoleándome la prisa.
En camino afanoso,
bajo la asoleada,
volvía a mi el brote del romero;
y cuando oscurecia, y me despabilaba,
me hacia alzar los ojos amor de las estrellas,
en donde estaba escrito el mandato divino.
De mi tardanza en desquite
una cosa tan sólo me inquietaba:
dormía como en vela, comía como en sueños,
avanzaba sin ver, y sin saber oía.
Mi fuerza, mi esperanza, eran
la palabra que Dios me había dicho.
Y yo la repetía día y noche,
como un enamorado, con deleite,
como el niño que canta por temor a olvidarse.
Ni árbol ni casa alguno detenían mi marcha;
todo con lo que tropezaba era arrojado atrás,
y noche y día caminaba:
y no veía más que oscuridad o ardiente polvo.
Mi viaje -calor, peligro, ayuno-
duró de plenilunio a plenilunio,
y la espuela divina aligeró mis pasos.
En cosa alguna mis ojos sosegaron,
ni mi boca hizo trato:
soldado que orden cumple
no estorba su camino con adioses ni lazos.
              
Pero a la vuelta de la cuarta luna,
cruel suplicio volvióse mi camino:
y si me detenía un solo instante
tenerme en pie ya no podía.
Enrojecidos por el sol los párpados,
mis pasos eran cada vez más lentos;
polvorientas las cejas y la barba;
pesadas, las espaldas, y ardiente la nariz.
Hasta las cosas próximas parecían lejanas,
y el tino se perdía con el ardor de la cabeza;
mi pie sangraba; torpes, su plegaria intentaban
el confundido juicio, la lengua, seca como un trapo.
Una mañana, la claridad del día
sonó como un zumbido de abejorro en mi cabeza,
y mi mirada, pródiga de luz,
ante el rayo de sol se arrodillaba.
Pensando « Yahvé te espera»
con nuevo aliento quería rehacerme;
mas tropezando en una piedra
di en tierra, y me hundí en el polvo,
y no sabía, aturdido, cómo levantarme.
-¿Huye Nínive de mí?- acerté aún a decir;
y anhelando, vencido, que la noche negase,
oculté el rostro entre las manos.
              
Detrás de mí, un viejo descabalgó de un asno.
-¡Levántate! Al que cae, si no se pone en pie, alguien lo entierra.
Llevo a la ciudad un cestito de higos               
y una cerda. ¿No la conoces? Desventurado,
súbete al asno. ¡Poco tienes de gordo!
Desde aquí se vislumbra el lugar donde el río
ciñe la gran ciudad que corta, hiende y raja,
que límites abate en un mundo cobarde.
Aquí, el osado mata, acomete y humilla;
los himnos de triunfo son obra del eunuco.
Todas las artes bajan la frente ante la guerra,
ya que la espada es joven y caduco el espíritu.
Y en los mercados llenan las alforjas, muy prestos,
con sus preciosas sacas, las gentes sin escrúpulos;
y las mujeres vienen de todas las regiones,
las más perfectas en senos y caderas.
Asur es inmortal, y el mundo es una ruina.
              
Levanté apenado la cabeza.
Unas casas de campo blanqueaban
por la otra orilla, en la vuelta del río;
y yo, tambaleándome, como animal herido,
dándome todo vueltas,
alcé el brazo con ánimo desesperado
que arrancar pude del fondo de mi corazón;
y derrochando un año de mi vida pude clamar al fin:
-De aquí a cuarenta días, Nínive caerá.
              
Versión de José      Corredor-Matheos
"Ocho siglos de poesía catalana",      Editorial Alianza




¿Pudiera decirnos en que categoría ubicaría este poema?

Amor
Amistad
Familia
Poemas de Cumpleaños
Poemas de San Valentín o
      Día de los Enamorados
Poemas del Día de la Mujer
Poemas del Día de las Madres
Poemas del Día de los Padres
Poemas de Navidad
Poemas de Halloween
Infantiles
Perdón
Religiosos
Tristeza y Dolor
Desamor
Otra Categoría
¿ Te gustó este poema? Compártelo:
Compartiendo el poema con tus amigos en facebook ayudas a la difusión de estas bellas creaciones poéticas y ayudas a dar a conocer a los poetas.




 Compartir
Redes sociales
Facebook Twitter Google Bookmark MySpace Fresqui Meneame